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Testimonio: El Camino del reencuentro

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Ana Por: Ana
La diabetes es parte de quien soy, pero no me define. Yo me defino a mí misma.
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El Camino del Reencuentro

El Camino de Santiago es mucho más que simplemente un camino que se recorre a pie, en bicicleta o a caballo. Históricamente es una de las 3 clásicas peregrinaciones de la Edad Media (Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela) y esta red de caminos con origen en distintos puntos de Europa y que confluyen en Santiago de Compostela ha ganado en popularidad en los últimos años, siendo cada vez más las personas que los recorren.

Hoy en día, a diferencia de la Edad Media, la motivación para emprender esta peregrinación no siempre es religiosa, aunque de todas formas se convierte en un camino espiritual y místico (y lo religioso no deja de ser un elemento importante para muchos).

El Camino de Santiago es un camino de autoconocimiento, de aprendizaje, de encuentros, de aprender a soltar... es un camino interior que por momentos es de introspección o de reflexión total, en comunión con la naturaleza y con nuestros sentimientos al desnudo. También es un espacio para compartir con amigos nuevos y viejos, explorar nuestros límites y aprender de los fracasos y frustraciones.

Este Camino de Santiago organizado por la Fundación para la Diabetes con las distintas asociaciones de pacientes para la tercera edición del Reta a la Diabetes (mi segunda experiencia) es un RETO. Con mayúsculas.

Fue un desafío que enfrentamos todos, cada uno con su asociación de pacientes, a fin de cumplir con los requisitos para estar seguros que todos los participantes cumplieran con las directrices de entrenamiento durante los 6 meses anteriores y de asistencia a las formaciones o capacitaciones que se dictaron sobre distintos aspectos del cuidado y gestión de la diabetes. Yo pertenezco a la Asociación Diabetes Madrid y he encontrado en mis compañeros todo el apoyo necesario para poder enfrentar este reto, a pesar de la distancia y sin dejar de sentirme acompañada en los entrenamientos (que realizábamos en paralelo) y las sesiones de formación a las que asistía en forma remota gracias a la tecnología que me permitía estar “presente” a través de una cámara y un micrófono.

Aunque mediante esta actividad el principal objetivo de la Fundación es visibilizar la diabetes y promover hábitos saludables en personas con diabetes tipo 2, los tipo 1 nos sumamos también al desafío, tal vez con otra óptica, pero no con menos compromiso y con la determinación de no dejarnos vencer. La participación de personas con diabetes tipo 2 y tipo 1 en proporciones bastante cercanas a la realidad de la diabetes resulta en una experiencia enriquecedora para todos, independientemente del tipo de diabetes que se tenga, y cabe destacar el gran esfuerzo de organización y trabajo en equipo realizado por los integrantes de la Fundación, los guías y las distintas asociaciones.

En este Camino hubo añorados reencuentros con queridos amigos, la oportunidad de profundizar lazos y descubrir nuevas afinidades. Para mí, el Camino de Santiago es realmente un reto, tanto físico como emocional. Nunca he sido una persona “deportista” y explorar mis límites plantea un desafío mayúsculo. También es una oportunidad de aprender de mis compañeros y la experiencia es sumamente enriquecedora en muchos más aspectos de los que se pueden enumerar. Este año también exploré las motivaciones de otros para unirse al reto y sumarse a la iniciativa de la Fundación junto con su asociación. Y en todos los casos, los motivos y motivaciones resultaron ser bastante más similares de lo que uno tal vez podría pensar.

A José María, que hacía el reto por segunda vez, le ha emocionado más este año y lo hizo porque quería compartir una experiencia con otras personas que viven como él, con una enfermedad como la diabetes y con la esperanza de llegar a controlarla en algún momento y dice que “el esfuerzo en llegar a la meta es algo que se considera beneficioso, pero eso es sólo el principio porque a partir de eso se viven muchas más experiencias y no sólo las que lleva la propia enfermedad sino la oportunidad de compartir la vida con 100 personas de distintos puntos de España que al llegar a Santiago se traduce en algo espiritual y algo emotivo que compartimos, se te forma un nudo en la garganta y realmente te quedas lleno de algo muy, muy positivo”.

José Ignacio también repite la experiencia y hace hincapié en lo buena que es la convivencia con el grupo, lo muy a gusto que está y que viene a compartir esta vivencia con ellos.

Julián aprecia fundamentalmente el compartir el día a día con gente como él, con los mismos problemas y con las mismas inquietudes, el compartir el desayuno, caminar juntos, las comidas, las experiencias y las vivencias, reconociendo lo enriquecedor de la experiencia y lo mucho que aprenden los unos de los otros. Señala que, para él, aparte de la satisfacción del Camino que tiene su valía, lo más importante es la gente que es, en sus palabras, francamente maravillosa.

Mila valora que el encontrarse con gente que vive en la misma situación que ella le ha servido para aprender muchísimas cosas y conocer las inquietudes de otras personas que tienen diabetes. Considera que es importante ver qué es lo que hacemos y qué es lo que nos preocupa. Una de las cosas que le gustan menos es que se habla sólo de diabetes, pero que de todas formas es positivo para ella y para conocer a otra gente.

Andrés por su parte considera que uno de los motivos principales para asistir a este reto es el de hacerse valer y hacer sentir que con diabetes se puede, que somos personas que dominamos a nuestra diabetes, no que la diabetes nos domina a nosotros, y para demostrarlo venimos a este reto.

Rubén es otro de los que repite la experiencia este año y lo define como una convivencia en la que, aparte de contar con un equipo médico maravilloso porque nos aporta muchísima información, convivimos con la gente que tiene esta enfermedad y entre nosotros también podemos compartir esta vida que nos toca llevar. El año pasado lo pasó estupendamente y esto para él es una prolongación del año pasado.

Verónica enfáticamente me dice que el Camino ofrece una oportunidad para sacar conclusiones respecto a todo lo que tiene que ver con la diabetes y con la vida en general, “porque aquí no hay sólo diabetes, hay personas en toda su dimensión humana”.

Jesús participa con su grupo porque le gusta caminar, sabe que con diabetes nos conviene hacerlo y que, sin ser excesivamente religioso, el Camino tiene lo suyo y al compartirlo con otra gente se lo trabaja, es enriquecedor y en la convivencia con otras personas con diabetes ha aprendido mucho, siente que le hace bien como persona y que se aprende mucho sobre la diabetes.

Algunos pocos se han embarcado en esta aventura del Camino junto con un centenar de desconocidos con un diagnóstico de diabetes tipo 1 relativamente reciente, como lo ha hecho Virginia este año y Mar por segunda vez, con una actitud positiva a más no poder y ganas de no dejarse vencer por los posibles obstáculos y zancadillas que la diabetes pueda ponernos por delante.

Alicia con su dulzura y fe que mueve montañas, Felisa y su marido que forman un increíble equipo, Maxi siempre dispuesto a acompañar y contestar los cientos de preguntas con las que lo bombardeo… Y tantos más, individuales y únicos y al mismo tiempo con tanto en común con cada uno de nosotros.

No tengo más que palabas de agradecimiento con Ana, Rocío y Blanca de la Fundación para la Diabetes que trabajaron exhaustivamente para ofrecernos una experiencia única e inolvidable y en la que todos ganamos como personas.

Ana la fotógrafa (somos varias con el mismo nombre) ha logrado plasmar en imágenes únicas todos los sentimientos, emociones, dolores, satisfacciones, tristezas y alegrías que hemos encontrado en este Camino.

Y el equipo de médicos conformado por Ana, Javier, Paco y Lucio junto con las magníficas enfermeras Esperanza, Carmen, Marisa, Feli, Pilar y Mercedes que nos hicieron sentir en todo momento cuidados y acompañados, siempre pendientes de nuestro bienestar y cualquier inconveniente que se pudiera presentar.

En lo personal me hubiera gustado poder recorrer este nuevo pero conocido camino con todos mis amigos de la Asociación Diabetes Madrid, pero debo reconocer que aunque la vida no siempre nos da lo que queremos, generalmente nos da lo que necesitamos. Me faltó tiempo para compartir más con Marisa, José Ángel, Rosa, Julián, Mar, Antonia, José, Concha, Petra y Lorena… Y mis queridas Pilar, Carmen y Sonsoles que se sumaron al cierre del reto para entrar todos caminando juntos hasta la Plaza del Obradoiro y compartir la misa de clausura y almuerzo de despedida.

¡Hasta la próxima!

Y gracias especiales a la Fundación para la Diabetes por permitirme el uso de muchas de las fotografías que se comparten en esta entrada.

(Artículo original proporcionado por Ana Yo Diabetes ¡Gracias!)