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Diabetes tipo 2 y depresión

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Iñaki Lorente Por: Iñaki Lorente
Asesor en el área de Psicología de la Fundación para la Diabetes. Psicólogo de la Asociación Navarra de Diabetes (ANADI).
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Advertencia

Antes de que empieces a leer este texto, quisiera dejar claras al menos estas cuestiones:

  • Hay días y situaciones en las que todos nos sentimos tristes, desganados, desesperanzados… Cuando una persona está deprimida siente durante semanas que la vida es una pesada carga.
  • Debes saber que la depresión tiene muchos matices e intensidades por lo que no se trata de si está presente, sino de en qué grado.
  • Por el hecho de tener diabetes, no debes presuponer que vayas a deprimirte.

Introducción

Dicho esto, todos los estudios coinciden en que las personas que tienen enfermedades crónicas son más propensas a sufrir trastornos psicológicos. En especial ansiedad y depresión.

La diabetes no lo es menos. Se dice que, entre las personas diagnosticadas, hay el doble de casos de depresión que entre las que no lo tienen.

Constatado este hecho, se impone reflexionar sobre cuál es el origen del malestar con el fin de prevenir la aparición de la depresión o de detectarla y tratarla lo antes posible.

También conviene mencionar que el sentirse deprimido provoca un peor autocontrol de la diabetes, ya que, probablemente, una persona deprimida haga menos ejercicio, coma peor, fume, etc. Es decir, que se cuide menos que alguien que no lo está y piense con menos claridad cuando tome decisiones respecto al autocuidado.

En resumen, aunque no se entienda completamente la relación entre diabetes y depresión, lo cierto es que se influyen negativamente.

El estudio DAWN2

No pretendo aburrirte con estadísticas (no es esa la misión de este texto) sin embargo quisiera exponerte el siguiente estudio y algunas de las conclusiones a las que llegaron para que nos sirva como reflexión.

En 2013 se realizó un estudio internacional en el que participó España. Su objetivo era el de conocer las actitudes, deseos y necesidades que, respecto a la diabetes, tenían los profesionales de la salud, las personas diagnosticadas y sus familiares.

Aportó mucha información sobre los factores de índole psicológico y social Que influyen en las personas involucradas en la diabetes.

Como dato relevante, el 17% de las personas con Diabetes Tipo 2 parecían estar deprimidas, frente al 9% de las personas con Diabetes Tipo 1.

Sin embargo, otro dato aún más llamativo fue el de constatar que las personas con Diabetes Tipo 2 cuyo tratamiento consistía exclusivamente en dieta y ejercicio, es decir que no tomaban medicación ni insulina para tratarla, decían tener peor calidad de vida que aquellos que cuya diabetes era tratada con medicamentos.

En ese grupo también había un porcentaje mayor de personas que tenían un estado de ánimo tendente a la depresión (20%) y que se sentían sobrepasados por la diabetes (31%)[1].

Lo que cabría esperar es que, quienes más exigencias del tratamiento tuvieran, peores estados de ánimo deberían tener, ¿no? Sin embargo, no fue así.

Me ha parecido conveniente mencionarlo porque, si no está relacionado con la intensidad con que se trata la diabetes, quizás esté determinado por la “lectura” que cada uno hacemos del hecho de tener diabetes.

Así, mientras para unos puede ser meramente un incordio, otros pueden llegar a sentirlo como algo limitante o una verdadera catástrofe.

¿Por qué las personas con Diabetes Tipo 2 se deprimen?

Son muchos los factores relacionados con la diabetes que pueden colaborar con la aparición de la depresión:

  • Como enfermedad crónica que es, los esfuerzos que realiza la persona, sean muchos o pocos, no le van a ayudar a curarse, sino a evitar empeorar.
  • No tiene fecha de finalización. Es imposible predecir el tiempo que tendrá que convivir la persona con su diabetes ya que, a día de hoy, no existe curación posible.
  • Vivencia de peligro constante. La persona puede sentir que vive constantemente con la espada de Damocles de la aparición de complicaciones, tener la noción de que la diabetes le acorta la vida.
  • Ligado a lo anterior, puede aparecer un intenso miedo al futuro ya que, aunque no produzca síntomas reseñables, no deja de estar presente en la mente de las personas.
  • Por múltiples y diversos motivos (sentir el peso de la vida, tener dificultad para seguir las indicaciones del tratamiento, etc.) puede provocar un sentimiento de minusvalía y de baja autoestima.
  • Por otro lado, el cuerpo y sus limitaciones, se convierte en una de las (pre)ocupaciones centrales en la vida, entorpeciendo el disfrute con otras cosas.
  • De alguna manera puede alterar la calidad de vida debido a la rigurosidad del tratamiento y a que los cambios de hábitos que debe hacer (aunque sanos) no son decididos por la persona (realizar ejercicio, restricciones en la dieta, tomar medicamentos, controles de glucemia capilar…).
  • Con frecuencia, la diabetes pasa a ser el eje central de la dinámica familiar, influyendo en la forma en que se relacionan sus miembros: “Papá, te ha dicho el médico que no puedes comer de eso”.

El momento de la insulinización

Está muy extendida la creencia de que la Diabetes Tipo 2 que no requiere insulina no es grave. Se convierte en una patología espinosa cuando pasa a necesitar de inyecciones de insulina. Incluso se puede llegar a sentir como la “última fase” del tratamiento.

Llegado ese momento, no pocas personas, pueden deprimirse o sentirse culpables por no haberse cuidado lo suficiente.

Nada más lejos de la realidad: Ten presente que la diabetes más peligrosa es aquella que está inadecuadamente atendida y que la insulina es una forma de tratarla cuando se dan determinadas circunstancias. El no hacerlo cuando es preciso, seguramente desembocará en un empeoramiento.

Cuando se tiene depresión, ¿Qué síntomas se observan?

Cada persona deprimida presenta diferentes señales. Para que se sospeche la presencia de la depresión se tienen que dar casi todos los días, gran parte del día, durante semanas, varios de los siguientes síntomas:

  • Sentimiento de tristeza o de estar “vacío”.
  • Estar irritable o con ansiedad.
  • Sentirse desesperanzado o culpabilizado.
  • Aquellas actividades que resultaban gratificantes, ya no interesan.
  • Mucha dificultad para concentrarse o recordar detalles (cuando antes no era así).
  • Sentirse desfallecido en la realización de actividades que no cansaban tanto.
  • Dificultad para conciliar el sueño o, por el contrario, dormir en exceso.
  • Comer mucho más o mucho menos que antes.
  • Tener malestar general, dolores de cabeza, de estómago y/o problemas digestivos.
  • Tener pensamientos suicidas o haber realizado algún intento.

Muchas de las personas con Diabetes Tipo 2 tienen una edad avanzada. Si es tu caso, ten en cuenta algunas cosas:

  • Fruto de la educación recibida, suele costar expresar la tristeza o la pena. Sobre todo, si se es hombre.
  • Algunos de los síntomas físicos como fatiga, problemas para dormir o falta de apetito pueden ser debidos a otra enfermedad física o al propio proceso de envejecimiento.
  • Hay medicamentos cuyo efecto secundario sea el ánimo decaído. Quizás estés tomando alguno de ellos. Lee el prospecto de todos los tratamientos que tengas.

¿Qué puedo hacer?

  • Pide ayuda. Si sospechas que puedes estar deprimiéndote, lo mejor que puedes hacer es acudir a tu médico. El hecho de ser consciente de que el estado de ánimo pueda tener que ver con la diabetes, no quiere decir que debas resignarte. La diabetes no se cura, pero el estado de ánimo sí se puede cambiar.
  • Las personas que te quieren, también están deseando ayudarte. A veces no saben cómo. Mejor díselo. Si tienes un amigo o un familiar cercano que te inspire la suficiente confianza, háblale de tus sentimientos, de tus miedos, tus dificultades.
  • Haz ejercicio regularmente. No te impongas grandes esfuerzos, pero sí el hacerlo de manera constante. Todos los días. Aunque no tengas ganas.
  • Afánate en mantener buenos hábitos de sueño y de alimentación. Estas medidas higiénicas te ayudarán a encontrar la fuerza interior que necesitas.
  • Esfuérzate por no abandonar el cuidado de tu diabetes. Recuerda que, si dejas de tratarla como corresponde, irá a peor y eso, probablemente, te haga sentirte más triste y culpabilizado. Si necesitas, pide que te ayuden a “organizarte” mejor y delega temporalmente aquello que otros puedan asumir.
  • No te refugies en el alcohol o las drogas. Al fin y al cabo, son recursos que te quitan más de lo que te dan.
  • Siempre que sea posible, evita tomar decisiones importantes mientras estés deprimido. Si no es posible, pide consejo a quien consideres lo suficientemente capacitado para ayudarte en acertar con la postura a tomar (aunque sea de forma remunerada).
  • Si necesitas tratamiento psicológico o psiquiátrico, no renuncies a él. En esos momentos, aliarse con un experto es una apuesta muy acertada.

Estimado/a amigo/a, permíteme acabar con una frase del gran psiquiatra Viktor Frankl: Si no está en tu mano cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.


[1] Iñaki Lorente. Aportaciones del estudio DAWN2 a la atención de la diabetes. 38 congreso SAEN. Cádiz. 2013.