Indudablemente, el tema estrella del mes de junio ha sido la insulina
inhalada. Aunque eclipsados por esta noticia, también hay
otros aspectos relacionados con la diabetes que han merecido la
atención de los medios de comunicación y sobre los
que queremos comentar lo siguiente:
Insulina inhalada:
Tras unos cuantos meses de espera, por fin podemos decir que la
insulina inhalada está en las farmacias. Desde el descubrimiento
de la insulina, en 1921, se ha buscado una vía de administración
de la hormona que evitara el pinchazo, sin éxito hasta
que los ensayos clínicos realizados en más de 2500
pacientes avalaran la seguridad y la eficacia de la insulina inhalada.
Pero no todos los diabéticos son candidatos para recibir
esta terapia. En primer lugar, la insulina inhalada tiene una
acción equivalente a la rápida, por lo que los pacientes
con diabetes tipo 1 que, por definición, tienen que tratarse
con insulinas rápidas y retardadas, podrían evitar
la inyección de las primeras pero no de las segundas. En
cuanto a los tipo 2, hay muy diferentes pautas de tratamiento
y en algunos casos sí que se podría prescindir totalmente
del pinchazo. Sin embargo, conviene destacar que la insulina inhalada
se considera un medicamento de prescripción hospitalaria,
que precisa informe del endocrinólogo y visado por el inspector
y que sólo se admite su uso en la diabetes tipo 2 en caso
de alergias o lipodistrofias en la zona de inyección (hoy
en día muy infrecuentes) o en caso de fobias al pinchazo,
lo que tendría que venir respaldado por un informe psicológico
o psiquiátrico y que, en realidad, no parece muy justificado
ya que la inyección es prácticamente indolora. Posiblemente
su utilidad real sería el vencer la barrera psicológica
que supone el tener que empezar a pincharse. No puede prescribirse
a fumadores o personas que hayan estado fumando hasta hace menos
de 6 meses, a niños ni embarazadas. Parece que no produce
trastornos importantes de la función respiratoria pero,
de todos modos, a todo paciente que inicie el tratamiento debe
realizársele una evaluación previa de la dicha función
y un seguimiento periódico. La eficacia es buena y, como
hemos comentado, su acción es similar a la de la insulina
rápida, pero tiene la pega de que la dosificación
se hace de 3 en 3 unidades, lo que resta fineza a la hora de ajustar
la dosis. Otras desventajas son el tamaño del dispositivo,
que mide 30 cm, y el precio. Evidentemente, se trata de la primera
de las insulinas inhaladas. Esperamos que nuevos preparados vayan
mejorando estos inconvenientes y que los estudios a largo plazo
confirmen su seguridad.
¿Es peligrosa la rosiglitazona?:
La rosiglitazona es un antidiabético oral que ha dado magníficos
resultados en ensayos clínicos realizados en pacientes
con diabetes tipo 2 y también en pacientes en estadíos
que podríamos llamar “prediabéticos”
(estudios ADOPT, DREAM). Los hipotéticos efectos secundarios
nocivos para el corazón han supuesto una señal de
alarma pero, sin embargo, con los datos que tenemos hoy en día
en modo alguno está justificado el suspender su uso, salvo
en algún caso determinado. De hecho, ya se conocía
que su principal inconveniente es que en algunos pacientes se
produce retención de líquido lo que, lógicamente,
puede influir en la función cardiaca y que, por tanto,
siempre hay que vigilar por si se presentaran signos de alteración.
Existe un estudio en marcha a dos años vista que confirmará
si realmente hay o no un riesgo especial. Por supuesto, siempre
hay que tener presente que todo medicamento, entre ellos los antidiabéticos,
tiene efectos secundarios y en cualquiera hay que hacer un balance
riesgo-beneficio.
Cara y cruz en el pie diabético:
La buena noticia que supone el que en Murcia se haya decidido
cubrir la atención podológica por la Sanidad Pública
se ve contrapesada por la mala de que en Huelva no hay podólogos
que acepten el acuerdo con el SAS por las malas condiciones laborales.
Una vez más, no nos cansamos de destacar la importancia
de esta prestación para las personas con diabetes.