Dentro de las noticias
publicadas en los medios de comunicación general sobre
diabetes en el pasado mes de abril, nos gustaría destacar
las siguientes:
Hipoglucemias inadvertidas
Hipoglucemias inadvertidas: es un hecho sobradamente conocido
que muchas personas con diabetes no perciben las hipoglucemias.
Esta situación se da más a menudo al aumentar los
años de evolución de la enfermedad, ya que al principio
los síntomas suelen ser muy reconocibles.
El buen control de la diabetes favorece que haya más hipoglucemias,
por estar en valores más bajos, además de que dichas
hipoglucemias se noten menos, porque se suele partir de cifras
previas de glucosa inferiores y la velocidad de disminución
de la glucemia también es menos brusca, con lo que es más
fácil que la hipoglucemia pase inadvertida. El trabajo
del equipo de la doctora Novials, publicado en la prestigiosa
revista Diabetes Care, ha utilizado un sistema que permite monitorizar
el nivel de glucosa cada 5 minutos durante 2 ó 3 días
y ha demostrado que las hipoglucemias son más frecuentes
de lo que se creía.
Dado el peligro potencial de una bajada de azúcar, y aún
más cuando pasa desapercibida, es obvio que hay que intensificar
las medidas para adaptar el régimen terapéutico
y para enseñar, a través de la educación
diabetológica, a reconocer las hipoglucemias y a actuar
frente a ellas.
Bombas de Insulina
Bombas de insulina: de nuevo se ha suscitado el tema de la financiación
por parte de la Sanidad Pública de las bombas de infusión
continua de insulina y de nuevo tenemos que insistir en que en
algunas situaciones estos dispositivos pueden conseguir el control
que no logra el tratamiento insulínico convencional.
Aunque el informe de la Agencia de Evaluación de Tecnologías
Sanitarias hecho público el año 2001 dijera que
los resultados eran similares a los de la terapia intensiva con
insulina, eso no implica que haya una pequeña cantidad
de pacientes para los que sí que pueda suponer una mejoría
decisiva. A este grupo de pacientes no se les puede negar un tratamiento
que les puede mejorar el control metabólico y, por tanto,
disminuir la posibilidad de complicaciones.
De hecho, el que los potenciales beneficiarios no sean numerosos
debiera favorecer la financiación, ya que para las cifras
que se manejan en la asistencia sanitaria no debe haber diferencias
presupuestarias significativas. Aparte de todo ello, hay una discriminación
flagrante entre los pacientes según su lugar de residencia,
ya que en unas Autonomías se financia y en otras no. Por
supuesto, en la mayoría de los países de nuestro
entorno sí los paga la Sanidad Pública.
Los consensos de los máximos expertos internacionales no
dejan lugar a dudas sobre la idoneidad de las bombas en algunos
casos.
La Asociación Americana de Diabetes deja bien claro que
cuando la indicación para utilizarlas está bien
hecha deben ser cubiertas por los sistemas públicos o privados
de asistencia médica.
En lo que estamos de acuerdo con Sanidad es que sólo deben
prescribirlas especialistas en casos bien seleccionados, pero
queremos reclamar que se haga ya mismo, ya que no hay justificación
científica para seguir dando largas a un tema sobre el
que ninguna autoridad en la materia plantea controversias ya que
las indicaciones están bien establecidas.
Discriminación laboral
No podemos olvidarnos de la discriminación laboral que
sufren algunas personas por el hecho de ser diabéticas,
como la padecida por Miguel Ángel Salcedo en el Metro de
Madrid o en una cadena de grandes superficies en Santander y Bilbao.
Estos casos siguen sin resolverse y es urgente que se de una solución
a éstas y a otras situaciones similares.