Niños y adolescentes   Fundación para la Diabetes

Los hermanos

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Cuando en una familia debuta un niño, lógicamente la atención de sus miembros, en especial de los padres, se dirige hacia él. Es una situación de emergencia que requiere mayor dedicación. 

Se organizan para estar con él durante el ingreso para lo cual piden ayuda a su entorno cercano (la tía va a recoger al autobús escolar al resto de los hermanos, se quedan a comer en casa de la abuela, etc.). 

Esta reorganización es lógica y plausible. Mientras dure el ingreso, todos deben hacer un esfuerzo extra. Pero, el hecho de que sea comprensible, no presupone que los hermanos no echen de menos a sus padres. 

Así mismo, los hermanos de quien tiene diabetes, sobre todo si son menores, presentan unas necesidades psicológicas que no se deben desatender. 

Los dos grandes temas que les ocupan están referidos a:

  • Fantasías sobre la posible muerte de su hermano (está ingresado en el hospital y eso nunca es para nada bueno).
  • Preocupación por la gran vulnerabilidad que presentan los padres (les ven tristes, nerviosos, cansados…). Puede que, incluso, los hayan sorprendido conversando por teléfono con la tía o la abuela de lo mal que lo están pasado o que les hayan visto llorar.

Ante la falta de explicaciones, el hermano sano tiende a interpretar lo que está ocurriendo desde su propia concepción del mundo y, con frecuencia, le lleva a concluir que algo muy grave debe ser, ya que sus padres no lloran fácilmente (probablemente, con anterioridad, sólo les haya visto llorar en el funeral del abuelo). 

El hermano precisa información que pueda entender sobre:

  • ¿Cómo enfermó mi hermano?
  • ¿Me sucederá a mí o a mis padres?
  • ¿Es contagioso?
  • ¿Se va a morir?
  • Etc.

¿cómo enfermó mi hermano? - ¿se pega? - ¿se va a morir?

Para los hermanos sanos, la mejor medida preventiva es brindarles una información clara, directa y comprensible sobre estos y otros interrogantes, así como hacerles sentir que los padres siguen siendo su soporte, que no han perdido la capacidad de tranquilizarle y apoyarle. 

Una vez superada la crisis inicial, como quiera que los hermanos también pertenecen a la familia, se ven obligados a reajustar su situación. En este esfuerzo de adaptación puede que adopten alguno de los siguientes comportamientos que merezcan la atención.

Rabietas o conductas disruptivas

El hermano sano puede reclamar la atención de los padres mediante rabietas, pequeños hurtos, contestaciones fuera de tono, descenso en el rendimiento escolar, etc. 

Lo que pretende con ellos es hacerse presente para sus padres, expresar que sigue necesitando de sus cuidados. 

Si se refuerza negativamente esos comportamientos, si el niño siente que así es capaz de conseguir de sus padres su cupo de atención (aunque sea para reñirle o castigarle) tenderá a mantenerlos.

Sentimiento de culpabilidad

ha sido por mi culpaComo quiera que no se le ha explicado bien qué es lo que le ha ocurrido a su hermano, puede sacar sus propias conclusiones, llegando a pensar que él es el culpable de la diabetes de su hermano (por ejemplo: “yo se la provoqué cuando, peleando, le di un puñetazo en la tripa”). 

El niño que llega a esas conclusiones puede desarrollar un intenso sentimiento de culpa así como la necesidad de ser castigado. 

Este tipo de emociones se suelen expresar mediante el retraimiento, la depresión o la búsqueda del castigo. 

 

Celos

Puede que vaya un poco más allá y personalice en su hermano con diabetes, identificándolo como aquel que le ha “robado” la atención de sus padres. 

Lo percibe como su rival. Tiende a conseguir la dedicación perdida, destruyendo a la persona envidiada. La descalifica, se burla de su diabetes, le da envidia comiendo chucherías delante de él, etc. 

Sin embargo, lo más probable es que no consiga su objetivo, ya que los padres tenderán a proteger al hermano supuestamente más débil frente a los ataques del otro. 

No con poca frecuenta la ira y la culpa se combinan generando en el hermano sin diabetes un sentimiento de malestar cada vez mayor: “Me enfado por sentirme excluido de la atención de mis padres. Luego me siento culpable por haberme enfadado. Eso me crea un mayor sentimiento de malestar o soledad que, a su vez, me enfada aún más”.

Molestias psicosomáticas

El ver a su hermano hospitalizado o que precisa insulina y cuidados constantes, hace añicos el mito infantil de que los problemas de salud graves les ocurren a las personas mayores.

De esa manera, puede perder el sentimiento de inmunidad y de que nada malo le puede pasar. 

Simultáneamente, la diabetes puede transformar los canales de comunicación familiar, estableciendo la enfermedad física como la vía a través de la que se consiguen los cuidados y una manera efectiva de recibir el cariño por parte de los padres. 

No es extraño, pues, que el niño sano empiece a manifestar síntomas tales como dolores de cabeza, de estómago, mareos u otras dolencias difusas. 

Esto ocurre, sobre todo, en familias que se comunican a través del cuerpo:

  • Me duele la espalda –dice la madre.
  • Pues a mí, -le replica el padre- me duele aún más y además tengo la rodilla destrozada por el reuma.

Este proceso no suele ser consciente por lo que es muy resistente al cambio y puede precisar, para ello, ayuda psicológica.

El niño modelo

La reacción del hermano puede ir hacia el otro extremo. Así, se convierte en el “niño pluscuamperfecto” para que mamá y papá no sufran (de repente se afana por recoger su habitación, ayuda a poner la mesa, baja la basura, etc.). 

Todo ello cargado de una fuerte agresividad hacia el hermano con diabetes que es quien ha provocado el sufrimiento de sus padres. 

La diabetes se convierte en la pieza angular de la familia. Todo (tanto lo bueno como lo malo) gira en torno a ella.

El niño enfermero

En ocasiones, el hermano sano asume el rol de cuidador del que tiene diabetes, más de lo que sería conveniente.

Puede convertirse, así, en una extensión del médico o de los padres en el cuidado de la diabetes, soportando una carga para la que no está preparado. 

A veces los padres (sin ser conscientes de ello) fomentan ese rol sugiriéndole, por ejemplo, que vigile que se coma todo el almuerzo en el recreo, que le de un recado al tutor de su hermano, etc.

En resumen

Conviene señalar que los padres deben cuidar la forma en que los hijos sin diabetes buscan su nuevo equilibrio y deben prestar atención a su estabilidad emocional ya que, aunque no tengan diabetes, no dejan de ser miembros de la familia.

 

Sección realizada por: Iñaki Lorente Armendáriz | Psicólogo  
Ilustraciones: Lucrecia Herranz