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¿Por qué hay que seguir la Dieta Mediterránea tradicional?

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La dieta mediterránea es el patrón alimentario referente en todo el mundo. El menú ya lo conocemos: un consumo reducido de carnes, especialmente evitar las rojas y procesadas, prefiriéndose el consumo de pescado y, en todo caso, el huevo o la carne de ave. La mantequilla, la nata o la crema, y sus derivados, se sustituyen por el aceite de oliva virgen extra. Y de postre, fruta. Pan integral en vez de pan blanco, y poner un especial énfasis en la calidad de la preparación de los platos, en vez de tomar inmensas cantidades o buscar los hartazgos de comida. La frugalidad y la moderación son la clave para cumplir con los pocos requisitos que exige esta dieta.

La necesidad de basar la prevención en las mejores evidencias científicas ha hecho que se desarrollen diversos estudios en miles de personas, inicialmente libres de enfermedad, buscando el mejor modo de evitar la aparición de nuevos casos que afecten a la salud. Nuestro Departamento, el de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, se dirige a realizar acciones educativas y de promoción de salud eficaces, por estar basadas en un fundamento sólido procedente de la mejor ciencia disponible. Por ello, hace ya 16 años que se planeó el ensayo PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) y, aunque se terminó tempranamente después de un seguimiento medio de 4,8 años, se demostró que aquellos grupos que consumían la dieta mediterránea se reducía significativamente la tasa de enfermedad cardiovascular principal (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular o muerte cardiovascular) en un 30%. También se redujo la enfermedad arterial periférica, el deterioro cognitivo, la depresión, la diabetes tipo 2, la fibrilación auricular, y, a casi un tercio, el riesgo de desarrollar cáncer de mama en comparación con el grupo asignado a una dieta baja en grasa. Esto se comprobó en el seguimiento de más de 4.000 mujeres durante 4 años y está muy de acuerdo con estudios previos de tipo observacional, con diversos estudios de laboratorio y con la menor incidencia de cáncer de mama en los países que más aceite de oliva consumen. Teniendo en cuenta que el cáncer de mama es la principal causa de mortalidad prematura en mujeres en nuestro país, estos resultados son muy alentadores y requieren confirmación con nuevos estudios de intervención a gran escala. Además, no se requieren ni cambios muy drásticos, ni es una dieta pensada para «torturar» a los que la practican. Es muy grata al paladar y permite disfrutar de la alimentación.

Por otra parte, cuando se consideran en su conjunto los numerosos estudios que se han realizado ya sobre la dieta mediterránea en múltiples países, puede concluirse sin miedo a exagerar que no hay otro patrón de dieta con una evidencia de beneficio cardiovascular y frente al cáncer tan fuerte y tan sólidamente fundada. 


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