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"Este año me toca aprender sobre diabetes" (Para profesores escolares de niños con diabetes)

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Iñaki Lorente Por: Iñaki Lorente
Asesor en el área de Psicología de la Fundación para la Diabetes. Psicólogo de la Asociación Navarra de Diabetes (ANADI).
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Introducción

No hace tantos días que estabas en pantaloneta reponiéndote del agotador curso 15-16 y casi sin saber cómo, te despiertas con el nuevo horario, la nueva aula, 27 nuevos alumnos… y, para colmo, uno de ellos con diabetes.

Y tú, que de esa patología conoces justo el nombre, te encuentras con una lista de indicaciones que te han facilitado los padres, los ánimos del tutor anterior que te asegura que ya verás como no es para tanto… y poco más.

En este momento de agobio y desorientación, me gustaría comentarte algunas cosas por si te pudieran resultar de utilidad.

Antes que nada quisiera advertirte de que entre estas líneas no encontrarás la información que precisas sobre cómo manejar la diabetes. Esa la deberás buscar en otros apartados de este sitio web. Digamos que a lo que aspiro es a que este texto sea una especie de candil en el túnel del desconocimiento, el aliento que necesitas para adquirir información relevante. Lo que me avala para escribir este artículo es que soy orientador en un colegio y conozco el mundo de la diabetes.

La diabetes es una enfermedad crónica

Ni inválido, ni para siempre

La primera idea que quisiera transmitirte es la de que la diabetes es una enfermedad crónica, es decir, a día de hoy, no tiene cura y las “intervenciones terapéuticas” están orientadas a mantenerla a raya y evitar la aparición de complicaciones. En ese aspecto, quizás la tentación es tener en mente que será así para siempre. Sin embargo, como no tenemos forma de adivinar el futuro, opino que es preferible pensar que estará presente en la vida de tu alumno/a hasta que se encuentre un remedio. Nadie sabe si tú, él o yo podremos ser testigos de la curación de la diabetes, pero, la esperanza (observa que no digo la certeza) es una excelente fuente de motivación y tu alumno precisa beber de ella para autocuidarse en su día a día.

También conviene que evites ver “minusválido” como sinónimo de “crónico” máxime cuando hablamos de diabetes. Con los actuales tratamientos se puede (y se debe) aspirar a todo… o casi todo.

Lo que le hace inválido a un alumno con diabetes es ser tratado como tal.

Así pues, una de las ideas fundamentales que quisiera transmitirte es que te encuentras ante un alumno con diabetes. Insisto. Primero alumno y luego, con diabetes. Te lo remarco porque, si no se contempla así, se puede caer en la tentación de tratarlo más como un enfermo crónico que como un niño de tu aula.

Mantener una actitud abierta y flexible

Desde esta perspectiva las situaciones en las que te puedes encontrar relacionadas con la diabetes dependerán, como no podría ser de otro modo, de las características individuales del niño, incluida su edad.

Con la experiencia que seguro que tienes, me da hasta vergüenza mencionarlo: El/la alumno/a debe hacerse cargo de aquellas tareas para las que sea competente. Es decir, si puede sacar del estuche su aparato para medirse el azúcar, no se lo hagas tú. Si puede hacerse la punción en el dedo, tu misión será que supervisar para que lo haga bien, etc. Ciertamente, lo que no sea capaz de hacer todavía te tocará a ti. Por supuesto, ten en cuenta que dejarle hacer no exime de mostrarle tu interés. Eso siempre lo va a necesitar.

Tampoco olvides que el objetivo final es que se responsabilice de su diabetes conforme vaya adquiriendo la maduración y las destrezas necesarias. Es buena idea dejarle que tome aquellas decisiones de las que sea capaz. No creas que es complicado. Lógicamente si no tiene los suficientes conocimientos, sería descabellado que decidiera las unidades de insulina a inyectarse. Pero ¿por qué no elegir el dedo en el que pincharse? Eso puede hacerlo hasta un niño de tres años.

Contestar a sus preguntas

Como sabes, el número de veces que un alumno formula la misma pregunta es inversamente proporcional a su edad. Así que, siempre que lo solicite convendría que le explicaras CON CALMA el porqué debe pincharse otra vez o por qué no puede comer ahora las “chuches”.

Ciertamente puede que no tengas respuestas “científicas” para todo. Nadie te pide que seas experto en la materia. ¿Por qué no devolver la pelota a quien te la lanzó? Por ejemplo podrías aprovechar el “comodín” y decirle: «No sé muy bien el porqué, pero tus padres y tu médico, que saben mucho de diabetes, me han dicho que tiene que ser así, ¿te parece que se lo preguntemos cuando vengan a buscarte?».

Las relaciones con los compañeros

También debes cuidar el impacto que la diabetes puede tener en las relaciones con sus compañeros. Normalmente en la Educación Infantil y los primeros cursos de Educación Primaria no suele haber mayores problemas.

En esos cursos, los compañeros suelen limitarse a observar con curiosidad lo que hace hasta que se acostumbran a ello. Ciertamente conviene dar alguna explicación ajustada a la edad, pero no te olvides de que siempre debes hacerlo contando con el/la alumno/a con diabetes. Si necesitas apoyo para poder explicárselo existe material divulgativo que puede ayudarte (como por ejemplo el Proyecto "Carol tiene diabetes").

Algunas cosas que podrías decir en el aula:

En Educación Infantil

  • “Tiene que pincharse todos los días, pero casi no duele”.
  • “Tiene que controlar las chuches que come”.

En Educación Primaria

  • “Si no se pincha puede ponerse malito”.
  • “Tiene que controlar las chuches que come”.
  • “No se va a morir”.
  • “La diabetes no es contagiosa”.

En Educación Secundaria

  • Aquello que quiera contar el adolescente (no sus padres) siempre y cuando eso no suponga poner en riesgo su salud.

En todo caso, debo comentarte que cada situación es muy particular y que tu experiencia y buen juicio te ayudarán más de lo que yo lo pueda hacer.

¿Cómo puedes ayudar?

Aprende algo sobre diabetes

Como sabes, la ignorancia es enemiga de la calma. Si sabes qué es la diabetes y qué exige realmente, te será mucho más fácil ayudarle a gestionarla. No es necesario ser un endocrinólogo experto, pero tampoco te ayudará “demonizar” la diabetes o maldecir tu mala suerte.

Tan sólo tener unas nociones básicas sobre qué es y cómo tratarla hará que la veas desde otra perspectiva. No en vano, los chicos y chicas con diabetes aprenden a manejarla desde muy pequeños. ¿Por qué no vas a poder tú?

No todo el personal del centro tiene que saber “todo” sobre diabetes, pero sí cómo actuar. Cualquiera que pase por ese aula debería estar al corriente de que en ella hay un niño con diabetes y de cómo debe proceder. De ahí la importancia de tener por escrito un protocolo de actuación y colocarlo en un lugar visible de la mesa del profesor.

Cada colegio se organiza de una manera y no sabría decir cuál es mejor que otras. En todo caso te comento que, en mi centro (a modo de orientación), todos los profesores saben qué alumnos tienen enfermedades crónicas, en qué aulas están y cómo actuar. Respecto a los que tienen diabetes, el tutor, el responsable del comedor, el profesor de educación física, el orientador y dos profesores más son competentes para inyectar el glucagón si fuera necesario.

Colabora en el tratamiento

El alumno pasa muchas horas en el colegio. Durante ese tiempo también tiene diabetes. Te necesita, pues, para que le ayudes. En este sentido (y esta es una opinión muy personal), la responsabilidad del tratamiento es de los padres, pero tú puedes ayudarles si sigues las indicaciones que te marquen. Por ello es fundamental mantener exquisitamente despejados los canales de comunicación familia – colegio. Correo electrónico, agenda de ida y vuelta, teléfono, etc. son tus grandes aliados. ¡Explótalos!

Familiarízate con las rutinas diarias

Lo tengas que hacer tú o lo pueda hacer tu alumno, lo cierto es que debe realizar numerosas determinaciones glucémicas (mirarse el azúcar en la sangre) e inyectarse insulina (posiblemente siempre que coma algo que contenga carbohidratos). El cómo, cuándo, cuánto, etc. son cuestiones individuales del tratamiento que debe seguir. En lo que a ti respecta deberán ser los padres (o su médico a través de ellos) quien te informe de las particularidades de tu alumno/a. Mejor si les solicitas que te las faciliten por escrito.

Responde con prontitud y con toda la calma que puedas ante las situaciones de alarma

Por supuesto que quizás tengas que actuar de vez en cuando. La mayoría de las veces será facilitándole un zumo o un azucarillo. Una de tus misiones es que en el cajón de tu mesa siempre haya disponible.

No siempre estarás tú presente. Puede que sea el profesor de música o la cuidadora del comedor. Creo (y de nuevo es una opinión muy personal) que tener unas normas básicas por escrito sobre cómo proceder además de aclarar los roles, funciona.

En general, las recomendaciones básicas son:

  • Ten azucarillos o zumos en el cajón de tu mesa por si el niño tiene una hipoglucemia.
  • Si pide salir al baño, déjale.
  • Ten a mano el teléfono de la familia por si surgiera cualquier incidencia.
  • Pierde el miedo, ya que el 99% de las acciones son tan fáciles como:
    • Aprender a realizar una glucemia capilar.
    • Suministrar azúcar cuando el niño se encuentre hipoglucémico.
    • Permitirle comer cuando lo necesite.
    • Ponerle la insulina que te haya indicado su médico.
    • Tener glucagón en un frigorífico por si fuera necesario y que varias personas del centro estén adiestradas en el procedimiento.
  • Cuando no sepas cómo actuar, pregúntaselo a los padres

La relación con los padres

Además de orientador en un colegio, soy padre. No voy a explicarte lo diferentes que se ven las cosas según el punto de vista desde donde lo hagas. Créeme que el ser padre de un niño con diabetes no es fácil. 

Ten en cuenta que una persona con diabetes debe tomar diariamente multitud de decisiones sobre el tratamiento. Un tratamiento que (como tendrás ocasión de comprobar) en absoluto es “matemático”. Cuando una persona con diabetes se equivoca, ella sufre las consecuencias. Pero cuando los errores son del padre o madre, quien los sufre es la persona que más quieren en el mundo: su hijo. Esa situación provoca que ellos soporten una gran presión por la responsabilidad. Presión que, en algunas ocasiones se traduce en el mantenimiento de una vigilancia desmesurada sobre los profesores y su forma de proceder.

También debes entender que, algunos de ellos, sufran un exceso de preocupación sobre el futuro (“¿Qué será de él/ella?) y también sobre el presente ("¿Cómo le irá en el colegio?") y que a veces se convierta en verdadera angustia.

Otro de los múltiples factores que orientan el comportamiento de los padres es la presencia de un verdadero sentimiento de impotencia. No pueden hacer nada para curar la diabetes de su hijo y eso, para algunos, es difícil de aceptar. Con frecuencia me encuentro con padres que expresan: “Si pudiera, me cambiaría por él/ella”. El hecho de que eso sea imposible, no hace sino incrementar el sentimiento de desánimo.

No pretendo insinuar que debas soportar determinadas reacciones si estas son inadecuadas, pero quizás entender su origen te ayude a gestionarlas mejor. ¡No veas lo que cambia para los padres el sentir que en el colegio tienen un aliado o alguien que sólo les pone trabas! Y, créeme, no es tan costoso. La mayoría de las situaciones se solucionan en 90 segundos de tu tiempo.

Problemas de conducta más frecuentes

De nuevo aquí existe una gran diversidad tanto por la edad como por la percepción que tengan ellos de su enfermedad. Así que, por favor, tómate esto como unas pequeñas pinceladas. En todo caso, ante una conducta disruptiva, plantéate qué es lo que hay detrás de ella (la no aceptación de la enfermedad, el deseo de atención, la utilización del beneficio secundario de tener diabetes, el enfado, el miedo,...) y responde en función de la explicación que tú mismo te des.

Por lo que a mí respecta, te ofrezco un listado de situaciones que se pueden dar con el fin de que las prevengas y dispongas de un arsenal de posibles soluciones preparadas de antemano para cuando se presenten:

En el aula

  • Negarse a pincharse en ciertos sitios.
  • Rabietas o lloros a la hora de ponerle la insulina.
  • Desobedecer cuando se les llama para ponerle la insulina.
  • Pedir dulces repetidamente sin tener hipoglucemias.
  • No querer que le vean pincharse (se suele dar entre preadolescentes y adolescentes).

En el comedor

  • No empezar a comer tras haberse puesto la insulina.
  • Negarse a comer determinados alimentos.
  • No querer comer la cantidad que debe.

A modo de colofón

Son muchas las casuísticas y no hay soluciones globales. Queda a tu buen criterio el saber gestionarlas adecuadamente.

Por mi parte, lo que he querido transmitirte con estas líneas es que el niño con diabetes es un alumno más que tiene unas necesidades específicas que hay que atender pero que, en el día a día, en total, no te llevará más de 5 minutos. En cuanto sepas cómo actuar, verás cómo no es tan complicado.

En todo caso, te dejo mi correo electrónico por si me necesitaras para cualquier cosa: ilorente@cop.es

Ánimo y, ¡a por el curso!

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