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Alimentación y ejercicio físico en la adolescencia

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Serafín Murillo Por: Serafín Murillo
Asesor en Nutrición y Deporte de la Fundación para la Diabetes. Dietista-Nutricionista e Investigador del CIBERDEM (Hospital Clínic de Barcelona).
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Artículo escrito para adolescentes con diabetes.

Los hábitos alimentarios saludables y la práctica de ejercicio físico de forma regular son una de las bases para conseguir un óptimo estado de salud en cualquier edad y, cómo no, especialmente entre las personas con diabetes. Esto no es ninguna novedad ¿verdad? Pero ¿qué sucede durante la compleja etapa de la adolescencia? A continuación se detallarán algunos aspectos importantes.

El ejercicio saludable empieza en la adolescencia

La adolescencia supone un cambio importante en la forma en que se realiza actividad física. Se pasa de la práctica irregular que supone el juego a una regularidad y orden del ejercicio, mediante entrenamientos o competiciones deportivas. Desafortunadamente, en muchos casos también supone el inicio de una larga etapa de sedentarismo.

Según los datos del estudio ANIBES publicados este mismo año 2016, entre la población general un 62,6% de los adolescentes no cumplen con las recomendaciones sobre práctica de ejercicio físico saludables. Este elevado grado de sedentarismo es mucho mayor entre las chicas que entre los chicos. En este sentido es preocupante la tendencia en la que se comprueba que los adolescentes realizan menos actividad física que los niños, lo cual indica que muchos niños se vuelven sedentarios justo durante la adolescencia.

La mejor forma de conseguir un estilo de vida saludable es que toda la familia participe, pues dar ejemplo es fundamental para transmitir estos hábitos.

Entre los numerosos factores implicados, el impacto del entorno es decisivo. Por ejemplo, la presencia de instalaciones deportivas cercanas disminuye los niveles de sedentarismo entre los adolescentes. Además, el entorno familiar es básico. Está comprobado que si los padres practican ejercicio físico o algún deporte de forma regular, entonces los hijos adolescentes lo practican en mayor medida. Esto debería ser un punto de apoyo fundamental. La mejor forma de conseguir un estilo de vida saludable es que toda la familia participe, pues dar ejemplo es fundamental para transmitir estos hábitos.

Cabe recordar que todavía no queda claro si la práctica de ejercicio físico regular mejora el control glucémico en adolescentes con diabetes. Así, los estudios publicados hasta la fecha muestran alguna mejora en los valores de hemoglobina glucosilada, pero siempre en aquellos adolescentes que practican ejercicio de forma muy habitual. Por así decirlo, los beneficios no dependen de realizar un tipo u otro de ejercicio, sino que se encuentran cuando el ejercicio se practica a diario, y no de forma esporádica.

Por otro lado, durante la adolescencia, el ejercicio físico se vuelve cada vez más programado. Es decir, se abandonan las pautas de actividad física relacionadas con el juego, las cuales son mucho más irregulares y poco planificadas, para pasar de forma mayoritaria a ejercicios en forma de entrenamientos o competiciones. Este hecho facilita en cierta medida el control de la diabetes pues al conocer los horarios y el tipo de ejercicio a realizar se pueden programar también los cambios en la insulina o la suplementación con hidratos de carbono más adecuada en cada caso.

A pesar de ello, los cambios hormonales propios de esta edad contribuyen a la gran variabilidad de los niveles de glucemia en respuesta a un mismo ejercicio. La receta para corregir estos desequilibrios no es sencilla, pero pasa por mantener un buen número de controles de glucemia para poder estudiar el efecto de cada tipo de ejercicio. Por ejemplo, se encontrarán valores totalmente distintos en un día de entrenamiento que después de una competición.

La adolescencia es la época en la que muchos deportistas entran en su época de alto rendimiento, destinando muchos esfuerzos y tiempo en el entrenamiento de su deporte favorito. Esto supone la dificultad de compaginar las demandas del ejercicio físico competitivo, los estudios y, por supuesto, la adaptación que la diabetes requiere.

En el deporte competitivo muchas veces es necesario cambios o adaptaciones de la alimentación. Por ejemplo, en muchos deportes es necesario mantener un peso corporal determinado, como en los deportes de combate, lo cual obliga a seguir pautas de alimentación restrictivas. En este caso, es necesario realizar un mayor seguimiento por parte del equipo sanitario, valorando estas pautas dietéticas y evitando que den lugar a déficits nutricionales.

El caso contrario sucede en otros deportes, en los cuales se requiere un aumento del peso en forma de una mayor masa muscular. Es el caso de los deportes de lucha o lanzamientos.

También sucede en la práctica cada vez más habitual de ejercicio de musculación, con una motivación básicamente estética. Es habitual el uso de suplementos nutricionales a base de aminoácidos, proteínas u otros componentes. Debe quedar claro que éstos no son elementos perjudiciales siempre cuando se sigue un uso razonable y adecuado.

Comer bien a cualquier edad

Mantener una alimentación saludable parece un objetivo inalcanzable, algo poco habitual entre los adolescentes en nuestros días. El consumo de alimentos procesados parece ganar protagonismo, gracias a su sabor, rapidez y bajo coste. No obstante, merece la pena insistir en luchar contra esta tendencia pues una alimentación saludable es la base de la prevención de muchos problemas de salud en el futuro.

La presencia de la diabetes puede ser un factor clave en la aparición de algunos trastornos relacionados con la alimentación.

A pesar de poder producirse en cualquier edad, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son extremadamente preocupantes en esta edad. La anorexia nerviosa, la bulimia, los trastornos por atracón, así como otros trastornos asociados a la conducta alimentaria tienen en común una alteración de la precepción de la imagen corporal sobre la base de un trastorno psicológico.

En el caso de la diabetes existe un trastorno propio, la diabulimia. Se trata del intento de reducir o no aumentar el peso corporal eliminando o reduciendo las dosis de insulina necesarias.

De esa forma se provoca una hiperglucemia importante, con lo que parte de los hidratos de carbono ingeridos no pueden ser utilizados por los tejidos y se elimina por la orina. En teoría, esta acción no es del todo eficaz, pues solo se reduce el uso de parte de los hidratos de carbono, pero no del resto de calorías incluidas en los alimentos en forma de proteínas y grasas.

En su prevención es especialmente importante prestar atención a algunos de los signos que pueden alertar sobre la presencia de este trastorno como valores de hemoglobina glucosilada especialmente elevados, alteraciones importantes del control glucémico o fluctuaciones del peso corporal, siempre de la mano de un exceso de preocupación por la imagen y el peso corporal. 

En el otro lado se sitúa la tendencia actual al exceso de peso en la sociedad actual. Algunos estudios han sugerido que los niños y adolescentes con diabetes tendrían una mayor propensión al aumento de peso. Este aumento del peso corporal es mayor entre las chicas que entre los chicos. La explicación a este aumento de peso es compleja e intervienen muchos factores.

De forma popular, se suele atribuir a la insulina parte importante de este incremento de peso. Según los estudios actuales, parece ser que el aumento de peso se relaciona más con pautas múltiples de insulina (que por otro lado, también permiten un mejor control de los niveles de glucosa en sangre). También, este exceso de peso se atribuye a la necesidad de tomar algunos pequeños suplementos alimentarios con el objetivo de prevenir o tratar las hipoglucemias.

En este sentido, es habitual que las hipoglucemias se traten con cantidades de hidratos de carbono muy superiores de los 15g establecidos como pauta recomendada. Según los estudios publicados, la dosis real utilizada se sitúa entre los 25 y los 30g de hidratos de carbono.

En cualquier caso conviene tener en cuenta que es conocida una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares entre las personas con diabetes respecto de la población general. Algunos estudios atribuyen esta diferencia al mayor peso entre las personas con diabetes por lo que esta es una etapa determinante para conseguir evitar efectos indeseables en los años posteriores.

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