El niño o adolescente diagnosticado
de diabetes es, sobre todo, un niño que posee
un gran potencial de desarrollo y al que hay que dar
todas las ayudas necesarias para que su progreso
evolutivo se vea afectado lo menos posible por su enfermedad.
Para lograr este objetivo es necesaria la mejor integración
posible en los diferentes contextos en los que se desenvuelve:
individual, familiar, social y escolar. Estos deben
adaptarse a sus necesidades de tratamiento médico
y educativo.