Estrategia en Diabetes del Sistema Nacional de Salud (I)

FALTAN PARÁMETROS QUE INFORMEN SOBRE LA PREVALENCIA Y FUTURA EVOLUCIÓN DE ALGUNAS COMPLICACIONES.
     

La Estrategia en Diabetes del Sistema Nacional de Salud (SNS) nace como documento de referencia y consenso para la mejora de la calidad de la asistencia sanitaria en diabetes, contribuyendo asimismo a la equidad y cohesión del Sistema Nacional de Salud.

Con el fin de fijar objetivos y medir la mejora continua de la calidad, define hasta dieciocho indicadores sobre la situación real de partida (año cero de la Estrategia) y los progresos futuros a nivel nacional y por Comunidades Autónomas.

 

Jóvenes Unidos debaten sobre la asistencia sanitaria y prestaciones del SNS
Jóvenes Unidos debaten sobre la
asistencia sanitaria y prestaciones del SNS

 

Hace al menos una década que sociedades científicas y grupos profesionales comprometidos con la mejora de la asistencia sanitaria definen y aplican indicadores de estructura, proceso, resultados intermedios y finalistas: desde los pioneros del GEDAPS, referidos a la Diabetes Tipo-2 en atención primaria de salud y el DiabCare en atención especializada, ya en tiempos de la malograda Declaración de Saint Vincent, a los más recientes publicados por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, por sólo citar aquellos efectivamente utilizados en más de una Comunidad.

Sin embargo, entre los indicadores propuestos por la Estrategia echamos en falta algunos que serán importantes para evaluar sus resultados futuros. Por ejemplo, sobre las complicaciones microangiopáticas: nefropatía y retinopatía.

ECHAMOS EN FALTA INDICADORES FINALISTAS SOBRE LA EVOLUCIÓN ACTUAL
Y
EVOLUCIÓN FUTURA DE LA NEFROPATÍA Y LA RETINOPATÍA DIABÉTICAS

Así, entre los objetivos específicos de la 3ª línea estratégica figura “reducir (…) las necesidades de diálisis y transplante renal y ceguera en la población diabética”. Aquí echamos en falta indicadores finalistas sobre la situación actual y evolución futura de la nefropatía y retinopatía diabéticas, tan frecuentes como temidas por el impacto en la calidad de vida de las personas afectadas y su coste sanitario y social.

Sobre la nefropatía el documento refiere datos epidemiológicos de su frecuencia y gravedad: “Actualmente la diabetes es la primera causa de inclusión en programas de tratamiento sustitutivo renal, hemodiálisis, diálisis peritoneal y transplantes renal, registrándose anualmente entre 1.200 y 1.500 altas hospitalarias con diagnóstico principal de nefropatía diabética”.

No obstante, el único indicador relacionado con esta complicación consiste en el número de transplantes renales realizados a personas diabéticas en un año, con publicidad bienal y a nivel estatal. Faltan indicadores, por ejemplo, que informen sobre el número de personas en tratamiento renal sustitutivo de modo que pueda evaluarse el impacto de la Estrategia sobre esta concreta complicación.

La retinopatía diabética, la más frecuente entre las complicaciones crónicas de la diabetes, queda huérfana de indicadores al no disponer de ninguno que informe sobre su aumento o disminución, a pesar de que “entre 1.200 y 1.700 altas hospitalarias anuales tienen como diagnóstico la oftalmopatía diabética” o el número de afiliados a la ONCE, alrededor de 5.300 en 2005, en España.

En contraste con la insuficiencia renal y la ceguera, para el pie diabético, afortunadamente, sí que se contempla un indicador finalista: la incidencia de amputaciones en personas diabéticas basado en las altas hospitalarias de aquellas a quienes les ha sido practicada alguna amputación no traumática en miembros inferiores en una año, por Comunidad Autónoma, edad y sexo.

En relación con el objetivo específico de disminuir la morbilidad asociada a la diabetes por complicaciones micro y macrovasculares, la Estrategia de gran relevancia a la hemoglobina glicada (HbA1c) en su doble condición de indicador de resultado intermedio y de proceso.

Más aún, se establecen objetivos concretos de buen control (HbA1c < 7) y mal control (HbA1c > 9) por Comunidad Autónoma y sexo, con periodicidad trienal. Aunque parece poco ambicioso establecer el objetivo de buen control a la mitad de la población con diabetes.

SERÍA IMPORTANTE DISTINGUIR ENTRE DIABETES TIPO-1 Y DIABETES TIPO-2
CUANDO SE VALORE EL GRADO DE CONTROL DE LA HEMOGLOBINA GLICADA

También sería de interés disponer de los mismos datos desagregados por diabetes Tipo-1 y Tipo-2: el conjunto de los diabéticos Tipo-2, como media, presentan mejores hemoglobinas que los de Tipo-1, de modo que del crecimiento epidémico de la Tipo-2 y el peso que esta forma de diabetes tendrá sobre el total, bien podría ocurrir que en años venideros los valores medios de la glicada del conjunto de la población diabética mejore por ese simple hecho.

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