ARTÍCULO EXTRAÍDO DEL ANUARIO DE LA DIABETES 2003
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Aprendamos a conocer y a cuidar nuestros pies

TOMÁS CÉSPEDES CÉSPEDES, ADELINA DORCA COLL
Podólogos. Profesores Titulares de Podología de la Universidad de Barcelona.

Nuestra experiencia profesional en el cuidado y tratamiento del pie diabético nos ha demostrado que suelen aplicarse unos criterios de diagnóstico y tratamiento que no tienen en cuenta el movimiento, el calzado o el contexto general en el que estos pies desarrollan sus funciones.

Se ha creado cierto temor hacia el concepto “pie diabético”, sobre la base de la mayor probabilidad que posee de presentar lesiones ulcerosas, aún cuando se trata de un pie cuyas características anatómicas y biomecánicas suelen ser normales. También se debe tener en cuenta la creciente presencia de accesorios terapéuticos que se venden en determinados establecimientos que en realidad pueden actuar de forma agresiva y provocar lesiones dérmicas.

Nuestro objetivo en este artículo es romper los tabúes y ofrecer una información básica al lector para que:

- Conozca su pie, teniendo en cuenta el contexto general de su enfermedad.
- Detecte situaciones de riesgo que puedan hacer peligrar la salud de éste.
- Aplique medidas preventivas y cuidados básicos.
- Tenga conocimiento de las alternativas profesionales que puede aplicar su podólogo para obtener un máximo rendimiento de sus pies.

Si al final del artículo el lector es capaz de comprender mejor las funciones del pie y detectar los posibles problemas que puedan surgir, nos sentiremos realmente satisfechos.


CONCEPTO DE PIE NORMAL

El pie es el segmento o parte final de las extremidades inferiores, manteniendo una interrelación con las articulaciones de la rodilla, cadera, pelvis y columna vertebral. Cualquier alteración de la posición del pie repercute en estas articulaciones. Y al revés.

Anatomía del pie
El pie está formado por 28 huesos relacionados entre sí que configuran la bóveda o arco de la planta. Alrededor de estos existen otro tipo de tejidos más blandos en forma de tendones, músculos, ligamentos, arterias, venas y nervios.

 

Estructura ósea del pie
      Estructura ósea del pie
Bóveda plantar

 

Los huesos soportan las fuerzas de compresión, mientras que los otros elementos proporcionan elasticidad y la capacidad para adaptarse a las diferentes situaciones derivadas de la actividad de la persona o de sus cambios fisiológicos (embarazo, envejecimiento, trastornos metabólicos, etc).
Bóveda plantar    


Funciones del pie


Un pie normal, independientemente de su forma (volumen, longitud, etc.) es capaz de desarrollar las siguientes funciones:

- Ser la base de sustentación del cuerpo humano.
- Ser la pieza fundamental para desarrollar la marcha.
- Ser un centro de receptores nerviosos que intervienen directamente en el mantenimiento del equilibrio. Sería como un ordenador que constantemente informa al cerebro de la situación de la persona, ayudándole a cambiar de posición de manera inconsciente ante cualquier cambio en el ambiente.


Huella plantar


La huella plantar es la imagen del pie en el suelo, y es característica de cada persona. En la arena mojada de la playa es fácil observarlas. Hay huellas muy planas y con una gran superficie de apoyo, mientras que otras poseen una superficie menor, dando la sensación de que falta algún segmento del pie.

En realidad, es un error hacer un diagnóstico basado exclusivamente en la forma de la huella plantar, aunque es un buen recurso para detectar posibles puntos conflictivos.


La marcha humana


La marcha humana es un proceso de locomoción muy complejo durante el cual el peso es soportado alternativamente por ambas piernas. Podemos decir que existen dos fases muy concretas durante la marcha:

- Fase activa: cuando el pie contacta con el suelo.
- Fase pasiva: cuando el pie permanece elevado sin contactar con el suelo y se prepara para dar el paso siguiente y avanzar.



La fase activa consta asimismo de tres momentos:

1. Contacto entre pie y suelo por el borde posterior y externo del talón.

2. Contacto total de la planta del pie en el suelo. En este instante el pie contrario se eleva, e inicia la fase pasiva.

3. Propulsión o despegue, cuando el pie se coloca de puntillas y eleva la pierna.

 

Los tres movimientos
    Los tres movimientos
del paso

La marcha normal debe desarrollarse con movimientos armónicos y simétricos y en ausencia de dolor, cojeras, movimientos bruscos y/o fatiga local o general. Además, debe ser una marcha capaz de adaptarse a las numerosas modificaciones que se presentan ya sea por el tipo de calzado, el terreno, la carga o la actividad de la persona.


IDENTIFICACIÓN DE LAS ZONAS DE RIESGO

Se recomienda realizar una observación diaria del pie (al menos 2 ó 3 veces a la semana) con la finalidad de detectar posibles lesiones de la piel o uñas. Si la persona afectada es incapaz de realizarla, recomendamos la ayuda de alguien allegado.

Deberíamos empezar inicialmente por el dorso del pie, examinando primero la zona del empeine, que es donde se sitúa el sistema de abrochado del calzado, para detectar zonas irritadas pues algunos modelos de calzado no se adaptan a empeines elevados.

A continuación, se deben examinar los dedos, espacios entre ellos y uñas. Conviene buscar un modelo de zapato con amplitud y volumen suficiente para que esta zona no esté comprimida, ya que cualquier pequeño traumatismo en la extremidad de los dedos o de las uñas ocasionará un derrame, que puede llegar a desencadenar un pequeño absceso e infección.

 

Posibles puntos de roce
 
Zona de aparición de algún punto de roce. En esta parte del pie hay poco tejido graso y cualquier lesión dérmica será difícil de curar.

A continuación, se deben examinar los dedos, espacios entre ellos y uñas. Conviene buscar un modelo de zapato con amplitud y volumen suficiente para que esta zona no esté comprimida, ya que cualquier pequeño traumatismo en la extremidad de los dedos o de las uñas ocasionará un derrame, que puede llegar a desencadenar un pequeño absceso e infección.

A continuación, no debemos olvidar la planta del pie. En ella, buscaremos grietas o fisuras en el talón, escamas, piel apergaminada y frágil. Debido a que la mayoría de lesiones en el talón aparecen por un mal apoyo o por un calzado inadecuado, recomendamos lo siguiente:

1. Suela de densidad dura.
2. Contrafuertes acolchados.
3. Suprimir piezas adicionales, mal llamadas ortopédicas, pues suelen provocar mayor inestabilidad.
4. Contrafuerte consistente.
5. Altura de tacón: calzado hombre: 2 centímetros. Calzado de mujer: 4 ó 5.
Un buen calzado
- Suficiente volumen y anchura de la pala.
- Capacidad de flexión.
- Suela gruesa y de goma de alta densidad (dura).
- Las costuras y pespuntes no coincidirán con prominencias óseas.
- Vigilar la presencia de cuerpos extraños en el interior o agentes agresivos.


Por último, examinaremos la parte posterior del pie y talón. Son frecuentes las rozaduras a nivel del tendón de Aquiles, zona considerada de alto riesgo por la dificultad en la curación de cualquier herida o lesión. Para evitarlas conviene tener en cuenta la altura del contrafuerte posterior del zapato, que debe ser adecuada al pie de la persona que lo vaya a utilizar. Recomendamos dejar libres los maleolos o zona del tobillo. También debe tenerse en cuenta la relación de la capacidad del calzado (talla) respecto al volumen del pie. El zapato no debe ser ni muy justo ni muy amplio, puesto que cualquier movimiento de desplazamiento del pie en el interior del calzado puede ocasionar lesiones por fricción.


RECOMENDACIONES GENERALES RESPECTO A LOS CUIDADOS DEL PIE Y ELECCIÓN DEL CALZADO

1. Observación diaria o cada 2 días del pie. Ante cualquier zona irritada o congestionada debe acudirse al podólogo.

2. Lavado diario con jabón neutro y agua tibia.

3. Secar los pies con una toalla usada, o un tejido dúctil y suave, poniendo énfasis en el secado de los espacios entre los dedos.

4. Aplicación diaria de una crema o emulsión hidratante.

5. Evitar las temperaturas extremas.

6. No andar descalzo.

7. Cortar las uñas de forma recta y acudir al podólogo ante cualquier modificación de grosor o color.

8. Evitar las fricciones con alcohol o cualquier agente abrasivo (limas, piedras pómez, pedinas, etc.)

9. Utilizar calzado flexible y consistente. El calzado deportivo es adecuado siempre que se mantenga en unas condiciones óptimas de higiene.

10. La mejor hora del día para adquirir calzado es la última hora de la tarde, cuando los pies están fatigados y a veces congestionados. De esta forma elegiremos el mejor modelo para unos pies en esas condiciones.

11. Las medias y calcetines serán de materiales naturales como el hilo o el algodón, sin costuras ni elásticos que compriman.

12. Las medias de comprensión pueden provocar la aparición de pequeños helomas (callos) entre los dedos y en las uñas.


APLICACIÓN DE TRATAMIENTOS PODOLÓGICOS

Aproximadamente el 15% de todos los pacientes con diabetes mellitus desarrollarán una úlcera en el pie o en la pierna durante el transcurso de su enfermedad.

La mayoría de las úlceras pueden prevenirse mediante la aplicación de un tratamiento adecuado.

Cualquier lesión en el pie de un diabético requiere una exploración podológica (y del calzado habitual) para detectar la causa de su aparición. Un desgaste excesivo del calzado detecta una mala posición del pie y un desequilibrio de la marcha. Los tratamientos podológicos tienen como objetivo primordial recuperar el equilibrio del pie, de la marcha y de la persona. Debemos evitar puntos de riesgo y proporcionar una marcha más natural.

Hay que insistir en la necesidad de la aplicación de los tratamientos podológicos para PREVENIR situaciones de mayor gravedad.

Los tratamientos podológicos que con mayor frecuencia se aplican al pie diabético son los soportes plantares (mal llamadas “plantillas”): Contactan con la planta del pie para proporcionarle una posición de mayor estabilidad y suprimir las zonas de excesiva presión. La aplicación de un soporte plantares un acto terapéutico y debe ser realizada por un profesional capacitado para hacerlo con total garantía, como el podólogo.

 

Soportes plantares
     
Debe realizarse de forma personalizada y con materiales no traumáticos. La adaptación se debe realizar sobre un molde de yeso, obtenido del pie del paciente, o aplicando los materiales calientes directamente sobre el pie. Por lo tanto, no es aconsejable utilizar plantillas ni prótesis compradas en el comercio pues éstas no se adaptarán de forma precisa a la planta de nuestro pie. Además, algunas están realizadas con materiales muy duros y comprimen las estructuras del pie. Ese tratamiento sería totalmente inadecuado para un pie diabético.
  Soportes plantares

Otro tipo de tratamiento es las aplicaciones de ortesis de silicona, pequeños aparatos que suelen aplicarse en los dedos para corregir deformidades y modificar la posición de los mismos. También pueden sustituir dedos amputados y actuar como una prótesis.

 

Ortesis digital
    Ortesis digital


RESUMEN

Es fundamental que cada paciente identifique y conozca las características de su pie, de su marcha y de los complementos que acompañan al pie. Este conocimiento evitará situaciones conflictivas que pueden degenerar hacia situaciones límites.

Estudios epidemiológicos demuestran que entre el 50% y el 95% de los casos de amputaciones en extremidades inferiores no traumáticas corresponden a pacientes diabéticos.

Estamos seguros, que una breve inspección de los pies, sólo unos minutos al día, podría hacer disminuir estas cifras, en beneficio de los pies de las personas con diabetes.

Insistimos en la necesidad de contemplar el pie de las personas con diabetes como un pie normal, sólo que precisa mayores cuidados y vigilancia.