Nuestra experiencia profesional en el cuidado y tratamiento del
pie diabético nos ha demostrado que suelen aplicarse unos
criterios de diagnóstico y tratamiento que no tienen en cuenta
el movimiento, el calzado o el contexto general en el que estos
pies desarrollan sus funciones.
Se
ha creado cierto temor hacia el concepto “pie diabético”,
sobre la base de la mayor probabilidad que posee de presentar
lesiones ulcerosas, aún cuando se trata de un pie cuyas
características anatómicas y biomecánicas
suelen ser normales. También se debe tener en cuenta la
creciente presencia de accesorios terapéuticos que se venden
en determinados establecimientos que en realidad pueden actuar
de forma agresiva y provocar lesiones dérmicas.
Nuestro
objetivo en este artículo es romper los tabúes y
ofrecer una información básica al lector para que:
-
Conozca su pie, teniendo en cuenta el contexto general de su enfermedad.
- Detecte situaciones de riesgo que puedan hacer peligrar la salud
de éste.
- Aplique medidas preventivas y cuidados básicos.
- Tenga conocimiento de las alternativas profesionales que puede
aplicar su podólogo para obtener un máximo rendimiento
de sus pies.
Si
al final del artículo el lector es capaz de comprender
mejor las funciones del pie y detectar los posibles problemas
que puedan surgir, nos sentiremos realmente satisfechos.
CONCEPTO DE PIE NORMAL
El
pie es el segmento o parte final de las extremidades inferiores,
manteniendo una interrelación con las articulaciones de
la rodilla, cadera, pelvis y columna vertebral. Cualquier alteración
de la posición del pie repercute en estas articulaciones.
Y al revés.
Anatomía
del pie
El pie está formado por 28 huesos relacionados entre
sí que configuran la bóveda o arco de la planta.
Alrededor de estos existen otro tipo de tejidos más
blandos en forma de tendones, músculos, ligamentos,
arterias, venas y nervios. |
|
 |
| |
|
Estructura ósea del pie |
| |
|
Los
huesos soportan las fuerzas de compresión,
mientras que los otros elementos proporcionan elasticidad
y la capacidad para adaptarse a las diferentes situaciones
derivadas de la actividad de la persona o de sus cambios
fisiológicos (embarazo, envejecimiento, trastornos
metabólicos, etc).
|
| Bóveda
plantar |
|
|
|
Funciones del pie
Un pie normal, independientemente de su forma (volumen, longitud,
etc.) es capaz de desarrollar las siguientes funciones:
-
Ser la base de sustentación del cuerpo humano.
- Ser la pieza fundamental para desarrollar la marcha.
- Ser un centro de receptores nerviosos que intervienen directamente
en el mantenimiento del equilibrio. Sería como un ordenador
que constantemente informa al cerebro de la situación de
la persona, ayudándole a cambiar de posición de
manera inconsciente ante cualquier cambio en el ambiente.
Huella plantar
La huella plantar es la imagen del pie en el suelo, y es característica
de cada persona. En la arena mojada de la playa es fácil
observarlas. Hay huellas muy planas y con una gran superficie
de apoyo, mientras que otras poseen una superficie menor, dando
la sensación de que falta algún segmento del pie.
En
realidad, es un error hacer un diagnóstico basado exclusivamente
en la forma de la huella plantar, aunque es un buen recurso para
detectar posibles puntos conflictivos.
La marcha humana
La marcha humana es un proceso de locomoción muy complejo
durante el cual el peso es soportado alternativamente por ambas
piernas. Podemos decir que existen dos fases muy concretas durante
la marcha:
-
Fase activa: cuando el pie contacta con el suelo.
- Fase pasiva: cuando el pie permanece elevado sin contactar
con el suelo y se prepara para dar el paso siguiente y avanzar.
|
La fase activa consta asimismo de tres momentos:
1. Contacto entre pie y suelo por el borde posterior y externo
del talón.
2. Contacto total de la planta del pie en el suelo. En este
instante el pie contrario se eleva, e inicia la fase pasiva.
3. Propulsión o despegue, cuando el pie se coloca
de puntillas y eleva la pierna. |
|
|
| |
|
Los
tres movimientos
del paso |
La marcha normal debe desarrollarse con movimientos armónicos
y simétricos y en ausencia de dolor, cojeras, movimientos
bruscos y/o fatiga local o general. Además, debe ser una
marcha capaz de adaptarse a las numerosas modificaciones que se
presentan ya sea por el tipo de calzado, el terreno, la carga o
la actividad de la persona.
IDENTIFICACIÓN DE LAS ZONAS DE RIESGO
Se
recomienda realizar una observación diaria del pie (al
menos 2 ó 3 veces a la semana) con la finalidad de detectar
posibles lesiones de la piel o uñas. Si la persona afectada
es incapaz de realizarla, recomendamos la ayuda de alguien allegado.
|
Deberíamos empezar inicialmente por el dorso
del pie, examinando primero la zona del empeine,
que es donde se sitúa el sistema de abrochado del
calzado, para detectar zonas irritadas pues algunos modelos
de calzado no se adaptan a empeines elevados.
A continuación, se deben examinar los dedos,
espacios entre ellos y uñas. Conviene buscar
un modelo de zapato con amplitud y volumen suficiente para
que esta zona no esté comprimida, ya que cualquier
pequeño traumatismo en la extremidad de los dedos
o de las uñas ocasionará un derrame, que puede
llegar a desencadenar un pequeño absceso e infección.
|
|
|
| |
Zona
de aparición de algún punto de roce. En esta
parte del pie hay poco tejido graso y cualquier lesión
dérmica será difícil de curar. |
A
continuación, se deben examinar los dedos, espacios
entre ellos y uñas. Conviene buscar un modelo
de zapato con amplitud y volumen suficiente para que esta zona
no esté comprimida, ya que cualquier pequeño traumatismo
en la extremidad de los dedos o de las uñas ocasionará
un derrame, que puede llegar a desencadenar un pequeño
absceso e infección.
A
continuación, no debemos olvidar la planta del
pie. En ella, buscaremos grietas o fisuras en el talón,
escamas, piel apergaminada y frágil. Debido a que la mayoría
de lesiones en el talón aparecen por un mal apoyo o por
un calzado inadecuado, recomendamos lo siguiente:
 |
-
Suficiente volumen y anchura de la pala.
- Capacidad de flexión.
- Suela gruesa y de goma de alta densidad (dura).
- Las costuras y pespuntes no coincidirán con prominencias
óseas.
- Vigilar la presencia de cuerpos extraños en el
interior o agentes agresivos. |
Por último, examinaremos la parte posterior del
pie y talón. Son frecuentes las rozaduras a nivel
del tendón de Aquiles, zona considerada de alto riesgo
por la dificultad en la curación de cualquier herida o
lesión. Para evitarlas conviene tener en cuenta la altura
del contrafuerte posterior del zapato, que debe ser adecuada al
pie de la persona que lo vaya a utilizar. Recomendamos dejar libres
los maleolos o zona del tobillo. También debe tenerse en
cuenta la relación de la capacidad del calzado (talla)
respecto al volumen del pie. El zapato no debe ser ni muy justo
ni muy amplio, puesto que cualquier movimiento de desplazamiento
del pie en el interior del calzado puede ocasionar lesiones por
fricción.
RECOMENDACIONES
GENERALES RESPECTO A LOS CUIDADOS DEL PIE Y ELECCIÓN DEL
CALZADO
1.
Observación diaria o cada 2 días del pie. Ante cualquier
zona irritada o congestionada debe acudirse al podólogo.
2. Lavado diario con jabón neutro y agua tibia.
3. Secar los pies con una toalla usada, o un tejido dúctil
y suave, poniendo énfasis en el secado de los espacios
entre los dedos.
4. Aplicación diaria de una crema o emulsión hidratante.
5. Evitar las temperaturas extremas.
6. No andar descalzo.
7. Cortar las uñas de forma recta y acudir al podólogo
ante cualquier modificación de grosor o color.
8. Evitar las fricciones con alcohol o cualquier agente abrasivo
(limas, piedras pómez, pedinas, etc.)
9. Utilizar calzado flexible y consistente. El calzado deportivo
es adecuado siempre que se mantenga en unas condiciones óptimas
de higiene.
10. La mejor hora del día para adquirir calzado es la última
hora de la tarde, cuando los pies están fatigados y a veces
congestionados. De esta forma elegiremos el mejor modelo para
unos pies en esas condiciones.
11. Las medias y calcetines serán de materiales naturales
como el hilo o el algodón, sin costuras ni elásticos
que compriman.
12. Las medias de comprensión pueden provocar la aparición
de pequeños helomas (callos) entre los dedos y en las uñas.
APLICACIÓN DE TRATAMIENTOS PODOLÓGICOS
Aproximadamente
el 15% de todos los pacientes con diabetes mellitus desarrollarán
una úlcera en el pie o en la pierna durante el transcurso
de su enfermedad.
La
mayoría de las úlceras pueden prevenirse mediante
la aplicación de un tratamiento adecuado.
Cualquier
lesión en el pie de un diabético requiere una exploración
podológica (y del calzado habitual) para detectar la causa
de su aparición. Un desgaste excesivo del calzado detecta
una mala posición del pie y un desequilibrio de la marcha.
Los tratamientos podológicos tienen como objetivo primordial
recuperar el equilibrio del pie, de la marcha y de la persona.
Debemos evitar puntos de riesgo y proporcionar una marcha más
natural.
Hay
que insistir en la necesidad de la aplicación de los tratamientos
podológicos para PREVENIR situaciones
de mayor gravedad.
Los
tratamientos podológicos que con mayor frecuencia
se aplican al pie diabético son los soportes
plantares (mal llamadas “plantillas”):
Contactan con la planta del pie para proporcionarle una
posición de mayor estabilidad y suprimir las zonas
de excesiva presión. La aplicación de un
soporte plantares un acto terapéutico y debe ser
realizada por un profesional capacitado para hacerlo con
total garantía, como el podólogo.
|
|
|
| |
|
|
Debe
realizarse de forma personalizada y con materiales no traumáticos.
La adaptación se debe realizar sobre un molde de
yeso, obtenido del pie del paciente, o aplicando los materiales
calientes directamente sobre el pie. Por lo tanto, no es
aconsejable utilizar plantillas ni prótesis compradas
en el comercio pues éstas no se adaptarán
de forma precisa a la planta de nuestro pie. Además,
algunas están realizadas con materiales muy duros
y comprimen las estructuras del pie. Ese tratamiento sería
totalmente inadecuado para un pie diabético. |
|
 |
|
Otro tipo de tratamiento es las aplicaciones de ortesis
de silicona, pequeños aparatos que suelen aplicarse
en los dedos para corregir deformidades y modificar la posición
de los mismos. También pueden sustituir dedos amputados
y actuar como una prótesis. |
|
|
| |
|
Ortesis
digital |
RESUMEN
Es
fundamental que cada paciente identifique y conozca las características
de su pie, de su marcha y de los complementos que acompañan
al pie. Este conocimiento evitará situaciones conflictivas
que pueden degenerar hacia situaciones límites.
Estudios
epidemiológicos demuestran que entre el 50% y el 95% de
los casos de amputaciones en extremidades inferiores no traumáticas
corresponden a pacientes diabéticos.
Estamos
seguros, que una breve inspección de los pies, sólo
unos minutos al día, podría hacer disminuir estas
cifras, en beneficio de los pies de las personas con diabetes.
Insistimos
en la necesidad de contemplar el pie de las personas con diabetes
como un pie normal, sólo que precisa mayores cuidados y
vigilancia.