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Prevenir la falta de motivación

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Iñaki Lorente Por: Iñaki Lorente
Asesor en el área de Psicología de la Fundación para la Diabetes. Psicólogo de la Asociación Navarra de Diabetes (ANADI).
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Hoy os presento el capítulo "Prevenir la falta de motivación", el tercero de la serie que he titulado "Persiguiendo un sueño", creada con un claro objetivo: acompañarte en el proceso de conseguir los retos que te propongas en la vida.

PERSIGUIENDO UN SUEÑO

  1. Abandona los puntos suspensivos (decídete a empezar)
  2. Diseña bien los objetivos que te acercan a la meta
  3. Prevenir la falta de motivación (en cuanto empiecen las señales)
  4. La huella del hábito
  5. No te pares, ¿cuál es tu próximo reto?


Prevenir la falta de motivación

"Para empezar un gran proyecto hace falta valentía.
Para terminar un gran proyecto, hace falta perseverancia"
Anónimo

Introducción. “Se vende motivación a granel”

Si alguien que me aprecia me ve un poco desmoralizado, suele acercarse a mí y de forma sorpresiva me suelta eso de: “¡Tienes que motivarte!”.

¿También te ha ocurrido?

Con demasiada frecuencia decimos alegremente eso de: “¡Motívate!”. Es una frase que no se tarda nada en pronunciar y mucho menos si va dirigida otro… La verdad que decírsela a uno mismo cuesta algún que otro microsegundo más.

¡Qué más quisiéramos que, en el “¡motívate!”, viniera de serie un interruptor para activarla. ¡Pero no! 

Te confieso que muchísimas veces he fantaseado con la idea de que, si encontrara la forma de aguijonear el resorte de la motivación en otros, de sintetizar la vacuna que la despierte, los pases mágicos para lograr que el otro la sienta sin esfuerzo… sería multimillonario (¡hay tanta necesidad! y ¡en tantos!).

Pero, a día de hoy, para mi desgracia, no lo he logrado. Tampoco sé de nadie que lo haya hecho. La realidad es que la motivación se puede estimular, ayudar a que nazca en el interior de la persona, promoverla, pero lo que no se puede hacer es administrarla en una píldora.

Motivación. ¿De qué estamos hablando?

En la literatura podemos encontrar multitud de definiciones sobre qué es motivación. En general, en todas ellas, subyace una idea común: Es un motivo para la acción (motiv-acción).

Por poner algo de seriedad en la definición podríamos decir de ella que es el conjunto de factores que impulsan a una persona a emprender las acciones necesarias que le permitan alcanzar una meta o satisfacer ciertas necesidades.

José Antonio Marina en su libro Los secretos de la motivación da una vuelta de tuerca más al concepto y, con acierto, habla de dos tipos. Él las denomina Motivación de Inicio y Motivación para la Tarea.

No te asustes, no es mi intención escribir un tratado de psicología.

Lo que deseo es que, si estás leyendo estas líneas, la primera, la de Inicio, ya la tengas superada. Según Marina, es la que ayuda a tomar la decisión de emprender un reto. Es esa sensación de estar convencido, con energía y arrojo suficiente para emprender una acción.

Sin embargo, ponerse en marcha no garantiza llegar a la meta. Por el camino uno se va encontrando obstáculos que le van a exigir un esfuerzo continuo, un plus de energía. A eso (más o menos) es a lo que le denomina Motivación para la tarea.

Pongamos  el ejemplo de alguien que decide realizar el Camino de Santiago en la campaña "Reta a la Diabetes",  ¿te suena? La motivación de inicio es la que le impulsó a aceptar el desafío, lo que hizo que fuera a un comercio especializado para adquirir lo necesario. Incluso fue la responsable de que los primeros días saliera puntualmente a entrenar.

Pero si no cuenta con la motivación para la tarea, quizás en este momento esté en casa lamentándose por no haber sido capaz de lograrlo (posiblemente con cierto regusto a frustración y desánimo).

Siguiendo pues con ese razonamiento, no sólo importa que actives tus ganas de lograrlo y que eso te impulse a iniciar esta aventura, sino que se debe cuidar el que no decrezca la intensidad de esa fuerza una vez iniciado el camino.

Al grano. ¿Se puede hacer algo cuando el globo de la motivación se vaya desinflando?

Para que alguien esté motivado a alcanzar una meta deben concurrir, al menos, dos circunstancias:

  • Que la persona lo considere importante para él
  • Que se sienta capaz de lograrlo

La fisura en cualquiera de las dos, será el lugar por el que se fugue la motivación.  Por ejemplo, aunque me sienta capaz de acabar las cinco etapas del Camino de Santiago Francés, si no lo considero relevante para mí, la motivación para hacerlo será nula. También puede ocurrir que lo considere un reto importante, porque me aportará mucho como persona; pero que no me sienta capaz de realizarlo. Si eso sucede tampoco llegaré a buen puerto.

Si sientes que el cohete de tu motivación va perdiendo fuelle, es el momento de recapitular antes de abandonar.

  • Revisa tu objetivo

Si has sido concienzudo en los pasos dados hasta aquí, posiblemente tu objetivo esté dentro de tus posibilidades, es decir, te sientas capaz de lograrlo y lo consideras importante.

Puede darse el caso de que, en su momento, sobrevaloraste tus recursos y quizás la cima a alcanzar fuera excesivamente ambiciosa. Revísalo. Gracias a Dios dejaste tu reflexión perfectamente anotada (meta, objetivos SMART…).

Si compruebas que exageraste, adáptalo a tu situación actual. Modifica las condiciones, las frecuencias, las distancias… pero NO ABANDONES.

Mientras seas capaz de redirigir el enfoque, tú “mandas” sobre tu tarea. Si abandonas, dejas de hacerlo.

  • Rememora las razones

Párate a pensar por qué haces esto. ¿Qué es lo que te impulsó en su momento a tomar esa decisión? Si compruebas que ya han “caducado”, BUSCA OTRAS. ESCRÍBELAS… y si no las encuentras, pide a alguien de confianza que te recuerde por qué es importante para ti hacerlo.

Es fundamental que te reencuentres con los motivos que te impulsaron a decidirte o que, en su defecto, encuentres otros nuevos.

  • ¿Con qué te puedes premiar?

A veces necesitamos incentivos, que nuestro esfuerzo sea reconocido inmediatamente.  Quizás aunque la recompensa sea elevada (“lograré llegar a Santiago”), la percibes como lejana y eso hace que pierda su facultad para motivar.

Busca alicientes más cercanos, premios que sean un buen combustible para seguir en la brecha. Date un capricho. Algo que sea gratificante para ti.

Hazlo después de la tarea. A ser posible que sea lo más cercano al esfuerzo pero, NUNCA ANTES.


Algunos ejercicios que te pueden ayudar


Plan de emergencia

De no ser un extraterrestre, tendrás momentos en los que flaquearás. Sabiéndolo puedes diseñar, de antemano, un plan de emergencia al que recurrir en esos momentos. Pero es importante que lo dejes por escrito y a buen recaudo (sé que soy un poco pesado en eso) para que, cuando lo necesites no tengas que pensarlo, solo buscarlo en el cajón de la mesita de noche y ponerlo en práctica.

Te invito a responder por escrito a estas preguntas:

  • ¿Qué voy a hacer si un día no practico lo programado?
  • ¿Qué voy a hacer si no he entrenado tres días en una semana?
  • ¿Qué voy a hacer si en una semana no he hecho nada de lo que tenía previsto?


Carta desde el futuro

Escríbete a ti mismo desde el futuro, con el objetivo ya cumplido. Explícate los obstáculos que tuviste que superar y cómo lo hiciste, las sensaciones positivas que te provocó el haber alcanzado tu propósito, lo bien que te sientes como persona…

Por ejemplo: Estimado Iñaki, te escribo desde Santiago de Compostela. Estoy feliz. Esto es impresionante y yo me siento invencible. Hace seis meses me parecía imposible plantearme llegar hasta la Puerta del Obradoiro, sobre todo cuando empecé a dudar de mi capacidad y aquella temporada en que siempre tenía otra cosa más importante que hacer que salir a entrenarme. Cuando titubeé, en lugar de abandonar, tuve la fortuna de dedicarme a revisar mis objetivos, cambié la estrategia por la de…


El juego de lanzar una moneda

Si estás a punto de abandonar el objetivo que te habías propuesto, puedes plantearte como última alternativa el siguiente juego:

Lanza una moneda al aire. Si sale cara, debes hacer lo que estaba previsto que hicieras en aras de conseguir el objetivo. Por el contrario, si sale cruz, puedes decidir hacerlo o no hacerlo.

Posiblemente te sorprenderán las decisiones que tomes en eso momentos.

Son recursos simples pero que pueden servirte como el parche en una rueda cuando pinchas en la carretera. Si lo pones a tiempo, te permitirán llegar a la meta sin más contratiempos.

Quisiera acabar con una frase anónima que me parece digna de reflexión: Si el plan no funciona, cambia el plan, pero no cambies la meta.

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