La diabetes es una de las enfermedades crónicas más comunes
en la infancia. Alcanza a niños de todas las edades, incluidos
aquellos que todavía van a la guardería y a los bebes. A menudo
la diabetes en niños pasa desapercibida o se diagnostica tarde,
cuando el niño sufre una cetoacidosis diabética. En muchas partes
del mundo, la insulina, la principal medicación que puede asegurar
la supervivencia de éstos niños, no está disponible (o está
disponible pero no puede accederse a ella por razones económicas,
geográficas o debido a restricciones de los suministros). Como
consecuencia, muchos niños fallecen de diabetes, especialmente
en los países de rentas medias y bajas. Aquellos más cercanos
al niño – familia, profesores, médico de familia- puede que
no sean conscientes de las señales y síntomas de la enfermedad.
El Día Mundial de la Diabetes 2007 persigue erradicar estas
circunstancias y establece firmemente el mensaje de que “ningún
niño debería morir de diabetes”.
Hoy en día, más de 240 millones de personas conviven con la
diabetes en todo el mundo. En aproximadamente 20 años, se espera
que esta cifra alcance los 380 millones. Los niños no están
al margen de esta epidemia global, con sus debilitadoras y amenazantes
complicaciones. La diabetes tipo 1 está creciendo al ritmo del
3% por año en niños y adolescentes, y a un alarmante 5% por
año entre niños en edad preescolar. Se estima que 70.000 niños
de menos de 15 años contraen diabetes tipo 1 cada año (al menos
200 niños al día). De los 440.000 casos de diabetes tipo 1 en
niños de todo el mundo, más de un cuarto vive en el sudeste
asiático, y más de una quinta parte en Europa.
La diabetes tipo 2 se consideró durante un tiempo como una enfermedad
de los adultos. Hoy, este tipo de diabetes está creciendo en
alarmantes porcentajes entre los niños y adolescentes. En los
Estados Unidos, se estima que la diabetes tipo 2 representa
entre un 8 y un 45% de los nuevos casos de diabetes en niños,
dependiendo de la localización geográfica. A lo largo de un
período de 20 años, los casos de diabetes tipo 2 se han duplicado
en Japón, y es más común que la de tipo 1. En niños aborígenes
de Norte América y Australia, la prevalencia de diabetes tipo
2 se mueve entre un 1,3 y un 5,3%.
La diabetes es diferente para los niños
La diabetes tiene un impacto único en los niños y sus familias.
La vida diaria del niño se ve alterada por la necesidad de monitorizar
los niveles de glucosa en sangre, tomar medicación y equilibrar
el efecto de la actividad y la ingesta realizadas. La diabetes
puede interferir en el desarrollo normal de las tareas propias
de la infancia y la adolescencia, incluidos el buen seguimiento
escolar y la transición a la vida adulta.
Para ayudar a los niños y familias en ello y para asegurar la
mejor salud física y emocional del niño, la atención debería
ser ofrecida por un equipo multidisciplinar con buenos conocimientos
pediátricos. También debe apoyarse a los profesores y al resto
de las personas que están proporcionando la necesaria atención.
De este modo, los niños con diabetes tipo 1 y tipo 2 podrán
alcanzar la edad adulta con el menor impacto posible en su bienestar.
Para los niños en los países en vías de desarrollo, esta situación
es actualmente precaria.
La campaña del 2007 quiere aumentar la concienciación acerca
de la creciente prevalencia de los dos tipos de diabetes en
niños y adolescentes. Un diagnóstico a tiempo y una buena educación
son cruciales para reducir las complicaciones y salvar vidas.
Los médicos de la comunidad, los educadores y los padres deben
unir sus fuerzas para ayudar a los niños con diabetes, prevenir
la enfermedad en aquellos bajo riesgo y evitar fallecimientos
y discapacidades.
Fuente: FID, Federación
Internacional de Diabetes