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El reciente estudio elaborado por la Fundación para la Diabetes en 13 hospitales de la Comunidad de Madrid, para detectar y cuantificar las necesidades del niño con diabetes en la escuela, resalta entre sus conclusiones las siguientes:
Ya en el año 2001 la Fundación Sarda Farriol elaboró un programa en el que se explicaban la preparación y planificación necesarias para garantizar que el profesorado y el personal de la escuela conocieran perfectamente los síntomas y el tratamiento de la diabetes. Su reto era afrontar el impacto que tiene la diabetes en el niño en la escuela, en la medida de que incide en su calidad de vida la integración social y su desarrollo. Por un lado, hay que garantizar un control y un tratamiento adecuados de la diabetes cuando el niño está fuera de casa, así como poner un énfasis especial en la prevención y el tratamiento de las hipoglucemias. Por otro, hay que facilitar soporte al niño para que desarrolle su personalidad y consiga una buena aceptación de la enfermedad.
1. Reunión con los padres:
- Hay que asegurarse que todo el personal de la escuela
sepa que hay un niño con diabetes. a) La FICHA DE REGISTRO: Debe contener el nombre y apellidos, la fecha de nacimiento, el curso que realiza y la fecha de inicio de la diabetes. Debe contener teléfonos de contacto, de su médico, del hospital. También la descripción de algunos síntomas cuando aparecen hipoglucemias (hambre, sudoración, somnolencia, palidez, ojos vidriosos, temblores, cambios de humor o falta de concentración., ..) Hay que proponer la administración de azúcar de absorción rápida. b) La FICHA DE ALIMENTACIÓN: Esta ficha es para los supervisores del comedor, el personal de cocina y las personas que tengan al niño a su cargo durante las comidas. Deben valorarse dos aspectos: la cantidad de alimentos con hidratos de carbono ingeridos y la importancia de la regularidad de las comidas e ingestas. c) La FICHA DE ACTIVIDAD FÍSICA: Es para el personal que supervisa las sesiones de ejercicio y actividades físicas, incluyendo juegos, natación, gimnasia, danza, paseos y otras actividades físicas que consuman energía. Hay que prepararse para la actividad (realizar autocontoles) y valorar las posibles hipoglucemias. d) La FICHA DE SALIDAS Y EXCURSIONES: Para el personal responsable de la organización de una excursión. Tener en cuenta el programa individual de cada niño con la diabetes. Se debe valorar si la salida es para un día, o para más, o viajes largos. Comprobar el material que el niño tiene que llevar y el del personal.
En el epígrafe anterior, hemos intentado apuntar
algunas de las cuestiones que han de valorarse para que el sistema educativo
sea capaz de dar una respuesta adaptada, habilitadora y compensadora
al alumnado diabético, para que pueda desarrollar su vida en
condiciones de calidad.
Más allá de las bases de nuestro sistema educativo y las normas existentes sobre educación, estudiadas en el riguroso, y a la vez ameno, informe elaborado por mi compañero Abogado, Javier Sanhonorato Vázquez, que parte de la Constitución española y va bajando jerárquicamente hasta la referida legislación de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, objeto de su análisis, pretendemos responder a si tenemos cobijo legal que nos amparen en cuestiones como éstas:
Éstas son sólo algunas de las cuestiones que se plantean a menudo en nuestros días, y sobre las que muchos padres albergan serias dudas, y consultan con frecuencia en nuestras Asociaciones de Diabéticos. Como siempre en nuestro país, la normativa es muy dispersa, y al ser una competencia transferida dependerá de cada CC.AA. En algunas situaciones, podemos hablar directamente de vacío legal. A lo sumo, hallamos declaraciones genéricas -de difícil concreción práctica- y los cauces para formular reclamaciones son más que difusos. Básicamente la normativa reconoce el derecho de los alumnos que cursan enseñanza obligatoria y que padecen una adversidad familiar, un accidente o una enfermedad prolongada (DIABETES), a recibir la ayuda necesaria para asegurar su rendimiento escolar. Al finalizar este artículo, contestaré segun mi opinión a las aludidas preguntas pero antes:
Éste es un tema de SEGURIDAD. No se debería necesitar personal no médico que ha recibido simplemente unas pocas horas de entrenamiento para cuidar de un niño con hipo o hiper glucemias por 2 razones:
No podemos esperar que la plantilla que no se dedica a la asistencia sanitaria sea entrenada para valorar y tratar a los estudiantes con diabetes después de una breve sesión de entrenamiento (especialmente en situaciones de urgencia). La investigación medica muestra que si el personal médico no practica continuamente sus técnicas (y las nuevas que van apareciendo p.ej las bombas de insulina que muchos niños ya llevan puestas) son incapaces de mantener su eficacia, lo cual puede llevar a errores médicos. No se puede esperar que el personal entrenado en diabetes sea eficiente para responder a las urgencias si no practican continuamente sus técnicas. Es cierto que los PADRES, que no son profesionales de la medicina, están preparados para cuidar de sus hijos con diabetes. Sin embargo, un padre ha invertido mucho más en el cuidado de su hijo y realiza sus tareas diariamente. Esto es muy diferente a un profesor o empleado del colegio que puede ser responsable de docenas de estudiantes a la vez, en un ambiente que distrae la atención de ambos: la del empleado no médico y la del niño con diabetes. Esperar que un empleado realice procedimientos médicos de urgencia para los que sólo fue entrenado (si lo fue) unas pocas horas es tan injusto como inseguro. Cada niño con diabetes debería tener un PLAN SANITARIO INDIVIDUALIZADO, que incluya instrucciones específicas sobre qué hacer en un urgencia. En el caso de hipoglucemia, se pueda administrar zumo o glucosa cuando no hay enfermera disponible. Se puede tratar la hipoglucemia y el estudiante puede volver a sus actividades de clase si no hay dificultades posteriores. Si hubiese alguna dificultad, se debería llamar a los servicios médicos. En el caso poco común de que un estudiante padezca un caso de hipoglucemia severa, se debería llamar inmediatamente a los servicios médicos de urgencia para que pueda ser evaluado y tratado por un profesional médico cualificado. Hay que educar a los profesores y demás personal sobre DIABETES, incluyendo cómo reconocer los síntomas de los posibles problemas. Los estudiantes con diabetes deberían tener acceso a comida cuando lo necesiten, así como a hacerse controles y automedicarse cuando sea necesario. Sin embargo, los padres y el resto de la opinión pública pueden tener una percepción de seguridad falsa cuando los colegios dispongan de “personal entrenado en diabetes” cara a la salud de los estudiantes con diabetes. La mejor solución para cubrir las necesidades de salud de los escolares es disponer de una enfermera en cada colegio a jornada completa. Profesional esta, que no sólo podria atender a los niños diabeticos, sino estar a disposicion de otros alumnos afectados por otras enfermedades crónicas, y que no requieran --como es el caso de los diabeticos-- ir a un colegio especial. ¿Es que acaso no hay un psicologo para eventuales problemas de integración? ¿No se llenan la boca nuestros politicos de que hay que promover en la escuela los habitos alimentarios saludables, prevenir enfermedades cronicas, bucodentales, vacunas, reconocimientos medicos periodicos . . .? Valorar el estado medico de los estudiantes es una violación de la práctica de la enfermería. La práctica de la enfermería está dirigida a proteger a la gente. Alguien que no está debidamente titulado y administra medicamentos, tales como insulina y glucagón inyectable, está violando la práctica de la enfermería. El uso de “personal entrenado en diabetes” también pone a los cuidadores, profesores y otra plantilla escolar, además de a los propios colegios, en una posición de responsabilidad potencial. Aunque -y aún con dudas- la legislación exime a estar partes de responsabilidad, no las protege de ne-gligencia que, a menudo, es fácil de probar. También hay que decir que los padres, al elegir la escuela de sus hijos, establecen con esta institución una peculiar relación de confianza, mediante la cual delegan autoridad, funciones, objetivos familiares, etc... y que la familia debe tener una actitud activa y participativa, más allá de las aportaciones puntuales de información sobre los hijos, en la medida en que lo requieran los maestros. En nuestra Jurisprudencia, existen sentencias que consideran
que la responsabilidad puede ser imputada a la escuela, aunque se absuelva
al profesorado. Parece claro que una escuela se encuentra en posición
de garante respecto de la integridad física de sus alumnos. El
problema puede ser fijar su límite. No obstante, no creo que
se pueda decir que ya que la obligación de la escuela de velar
por la vida de sus alumnos no exista específicamente en la legislación,
esta obligación no exista. En este sentido p. ej. los alumnos
tienen derecho a desarrollar su actividad académica en condiciones
de seguridad e higiene, .... y el derecho de los alumnos a que se respete
su integridad física y dignidad personal. V.- CASOS PRÁCTICOS REALES
Son sólo 5 muestras de, desgraciadamente, una casuística que es mucho más amplia y angustiosa para los padres.
Nos vamos a referir a dos respuestas diferentes recibidas. Una sobre la administración de medicamentos a alumnos, y la otra sobre salidas escolares de alumnado diabético y formación en las escuelas
Los criterios que hay que seguir: - El padre, madre o tutor legal tienen que aportar una receta o informe del medico donde conste la pauta y el nombre del medicamento que ha de tomar. - El padre, madre o tutor legal han de aportar un escrito en el que se pida y se autorice al personal del centro docente que administre al hijo o hija la medicación prescrita. - Es conveniente que el centro mantenga en un único archivo las recetas o informes médicos y los escritos de autorización y prevea quién tiene que administrar el medicamento, y, en ausencia de esta persona, a quién le corresponde hacerlo. - El personal del centro sólo podrá administrar una medicación cuando lo pueda hacer el padre, madre o tutor legal, sin una especial formación y, en caso contrario, si la medicación ha de ser administrada por personal con una formación determinada, hay que ponerse en contacto con el centro de asistencia primaria o ambulatorio más cercano.
La programación de las actividades que hayan de ser realizadas fuera del recinto escolar, es competencia del Consejo escolar del centro docente respectivo. Las actividades concretas las autoriza el director o directora y se comunican al consejo escolar. O sea, cualquier cuestión relacionada con las salidas escolares, hay que plantearla ante el centro docente, y si procede, la dirección del centro solicitará a los respectivos servicios territoriales de educación, información e instrucciones para actuar (p. ej en el tema de acompañantes de niño/a diabéticos). Para el caso de que exista profesorado interesado en recibir información, hay que canalizarlo a través del Director o Directora del centro educativo, quien a su vez lo hará llegar al Departamento de Educación. En el primer supuesto, entendemos que son instrucciones, que pueden variar en función de la zona o territorio, dirigidas a los Directores de los Centros educativos. A uno le queda un poco la sensación de que, más que querer solucionar los eventuales problemas, estos criterios de actuación parecen encaminados a eximir de cualquier responsabilidad al personal de las escuelas que se halle en situaciones como las planteadas. Y en el segundo, sin perjuicio de que consta que se conceden ayudas o subvenciones económicas para monitores (no especializados) para que ningún alumno/a diabético, se quede sin ir de excursión, a colonias, etc... entendemos que dependerá un poco de la eficacia del Director de la escuela de turno, lo que siempre puede dar lugar a tratos diferenciados, no aconsejables, siendo además trámites lentos y poco operativos. Quisiera indicar también que no me parece de recibo, algunas respuestas facilitadas por los Consejos Asesores de Diabetes en España, cuando han sido expuestas estas situaciones por las Asociaciones de Diabéticos, en el sentido de minimizar esta problemática, e indicando que en todo caso son cuestiones puntuales, o que no existen excesivas quejas por escrito. ¿A quién corresponde el deber de investigar si esta problemática es mucho más frecuente y grave que lo se cree? ¿No han de ser los poderes públicos los que deben tomar la iniciativa para remover los obstáculos para la defitniva integración de los enfermos crónicos, y más en edad tan temprana? ¿Esperaremos a actuar -como tristemente sucede muy a menudo- cuando ya sea demasiado tarde?
En el apartado III, in fine, me comprometía a facilitar mi respuesta sobre los interrogantes que allí se planteaban. Me atrevo a decir que podemos contestar AFIRMATIVAMENTE. Tenemos soporte legal para exigir todas aquellas reivindicaciones. Aunque algunas cuestiones concretas, estén huérfanas de regulación normativa, sólo sea en base a los prinicipios generales del Derecho (algunos ya comentados) que como fuente inspiran nuestro modelo legislativo, obtendríamos resapaldo judicial, en nombre de la justicia, la equidad, y la no discriminación. Se ha constatado que la problematica del niño con diabetes en la escuela, no sólo le afecta al mismo, sino a sus padres o a sus tutores legales, y no sólo aisladamente, sino cuando los enmarcamos dentro de la sociedad. Para garantizar el control y el tratamiento adecuado de la diabetes, deben mantenerse reuniones constantes entre los padres o representantes legales de los niños con diabetes, y los directores, tutores, profesores y que éstos tengan abundante informacion sobre la misma. Incluso debe explicarse al resto de compañeros. Deben usarse responsablemente y tener a mano los datos personales de cada niño, y valorar sus necesidades de autocontrol, alimentación, actividad fisica y salidas o excursiones. El denominado “personal entrenado en diabetes” en las escuelas NO es una solución. Por muy buena intención que se tenga, no está, ni puede estar, suficientemente “entrenado” para tratar las contingencias que la asistencia sanitaria requiere. Puede llevar a errores médicos. Es injusto e inseguro. La mejor solución pasa por tener un PLAN SANITARIO INDIVIDUALIZADO de cada niño con diabetes en la escuela, y disponer de una enfermera en cada colegio a jornada completa. En caso contrario, los cuidadores, profesores y otra plantilla escolar quedan en una posición de responsabilidad potencial, y existen precedentes jurisprudenciales que imputan responsabilidad a las propias escuelas, en base a una simple negligencia fácil de probar. La abundante casuística existente, puesta de relieve en las abundantes consultas acerca de nuestros derechos efectuadas en las Asociaciones de Diabéticos de nuestro país, son la prueba más evidente que estamos ante un problema socio-legal que requiere una pronta y dinámica atención, y que no sea considerado por los propios Consejos Asesores sobre Diabetes como “problemas puntuales”. No actuemos demasiado tarde. Las respuestas que se facilitan hasta ahora desde los distintos poderes públicos en temas referentes a la administracion de medicamentos y a las salidas escolares del alumnado diabetico, son poco claras y van encaminadas más a eximir de responsabilidad al personal docente, en detrimento a veces de los propios padres que han delegado en la escuela autoridad, funciones, objetivos, que no en hallar soluciones para los niños o sus referidos padres o tutores. No basta con subvencionar algunas ayudas a monitores o editar panfletos didácticos sobre diabetes, que se han demostrado ineficaces y que raramente llegan a sus destinatarios, o no se efectúa control o seguimiento de los mismos. Para luchar contra la DISCRIMINACION DEL NIÑO
CON DIABETES EN LA ESCUELA, hay que EDUCAR al personal de la escuela
y a los compañeros de clase, hay que NEGOCIAR la obtención
--sin ceder-- de un PLAN SANITARIO INDIVIDUALIZADO de cada niño
y la existencia de una ENFERMERA A TIEMPO COMPLETO en las escuela, hay
que RECLAMAR O LITIGAR llegado el caso -el Derecho nos ampara en nuestras
peticiones- sin temor a represalias, implicándose más
a fondo en ello los Consejos Escolares y las Asociaciones de Padres
de Alumnos, y hay que proponer cambios en la LEGISLACION (local, autonómica
o estatal) incluso con iniciativas populares -recordar el peso que tienen
los más de 3 millones de diabéticos existentes en España,
más sus familiares, allegados, etc. -para que las políticas
logren proteger a los niños/as con diabetes y cubran sus necesidades
específicas. - ABC DE LA DIABETES (FUNDACION PARA
LA DIABETES: www.fundaciondiabetes.org) Informe realizado
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