LA NEFROPATÍA
DIABÉTICA
Escrito por el Doctor José
Ramón Calle
Entre las complicaciones de la
diabetes, una de las más características es la
nefropatía, es decir, la afectación renal.
Se puede considerar que la manera de afectarse el riñón
en la diabetes es patognomónica, es decir, que presenta unas
características particulares que la diferencian de cualquier
otra enfermedad. Por otra parte, la diabetes se ha convertido en
la primera causa de enfermedad renal terminal en
los países desarrollados.
Para darnos cuenta de la importancia
del problema, queremos destacar algunas cifras: en España,
al igual que en los países de nuestro entorno, la
diabetes afecta a al menos el seis por ciento de la población,
lo que significa que en nuestro país hay más
de dos millones de personas que padecen la enfermedad,
de las que aproximadamente el 10 % corresponden a la diabetes tipo1
(la que debe tratarse necesariamente con varias inyecciones diarias
de insulina) y el resto a la tipo 2 (pueden tratarse sin tener que
pincharse, aunque muchos de estos pacientes con el tiempo también
necesiten la insulina). Hay algunos otros tipos de diabetes, mucho
menos frecuentes, pero que se escapan del alcance de esta pequeña
revisión.
La nefropatía diabética
se presenta con una frecuencia que varía notablemente
en función de las características raciales
y étnicas. Por lo que se refiere a la raza caucásica,
afecta al 15-20 % de los diabéticos tipo
2 y al 20-35 % de los tipo 1. Aunque porcentualmente
es algo menos frecuente en la tipo 2, al ser este tipo mucho
más frecuente la mayoría de los diabéticos
que inician programas de diálisis-trasplante son
tipo 2. Si tenemos en cuenta que la diabetes tipo 2, junto
con la obesidad, se consideran la “epidemia
del siglo XXI”, por su fuerte asociación
con el estilo de vida occidental, nos podemos dar cuenta
de que es un problema cuya tendencia está claramente
al alza.
En la historia natural de la nefropatía diabética
lo primero que da la cara es el aumento de la excreción
de albúmina por la orina y la elevación
del filtrado glomerular. En esta fase inicial,
estas alteraciones pueden ser totalmente reversibles con
un buen control de la glucemia. Según va evolucionando
la enfermedad, la nefropatía se hace más independiente
del control metabólico. Cuando la excreción
de albúmina por la orina oscila entre 30 y 300 mg/24
horas se denomina microalbuminuria, situación
que implica daño renal,
aunque incipiente.
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Si no se establece tratamiento,
la mayoría de estos pacientes va a evolucionar a proteinuria,
entrando en fase de nefropatía diabética
establecida. Cuando disminuye el filtrado glomerular, en casi todos
los casos habrá progresión a enfermedad renal terminal,
precisándose tratamiento con diálisis o trasplante.
En el caso de la diabetes tipo 2, hay que tener en cuenta que es
muy frecuente que se asocie hipertensión arterial
(HTA), precediendo muchas veces a la microalbuminuria y
que puede dañar al riñón, además de
otro tipo de enfermedades renales diferentes a la nefropatía
diabética y a la hipertensiva.
Las medidas preventivas
son de vital importancia para evitar la nefropatía diabética.
En primer lugar, el buen control de la diabetes es fundamental para
prevenirla e incluso, si está en fases iniciales, revertirla.
Esto está avalado por múltiples estudios, pero debemos
mencionar especialmente el DCCT (Diabetes Control and Complications
Trial) en la diabetes tipo 1 y los estudios UKPDS (United Kingdom
Prospective Diabetes Study) y Steno en los tipo 2. Sin embargo,
hemos de matizar un hecho importante que ya hemos apuntado anteriormente:
mientras que en la diabetes tipo 1 la mejor manera de prevenir la
nefropatía es mediante un buen control glucémico,
en la tipo 2 son igual o aún más importantes otros
factores de riesgo y, muy especialmente, la HTA. Si la prevención
se hace de manera adecuada se puede reducir considerablemente la
mortalidad y la aparición y progresión de las complicaciones.
Hay que destacar que los pacientes con diabetes e insuficiencia
renal presentan una mortalidad un 50 % mayor que los no diabéticos,
aparte de una calidad de vida muy deteriorada por la frecuente asociación
de complicaciones tan limitantes como afectación de la vista
o amputaciones de miembros inferiores.
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Dado que es mucho más eficaz
prevenir que curar las complicaciones de la diabetes, es evidente
que tenemos que intentar intervenir en estadíos precoces
de la enfermedad. Afortunadamente, por lo que se refiere a la nefropatía,
contamos con la determinación de la microalbuminuria
como marcador de afectación renal. Más del 40 % de
las personas con diabetes tipo 2 y al menos el 50 % de las tipo
1 van a desarrollar microalbuminuria. Los pacientes con
diabetes mellitus tipo 1, como norma general, deben monitorizar
su nivel de microalbuminuria a partir de los 5 años de la
fecha del diagnóstico. Respecto a los tipo 2, debe medirse
desde el diagnóstico ya que es frecuente que en el momento
de dicho diagnóstico la diabetes lleve varios años
de evolución. De hecho, varios estudios han demostrado que
cuando se diagnostica la diabetes tipo 2 la mitad de los pacientes
ya tiene alguna complicación. Nunca insistiremos lo suficiente
en la necesidad de que la diabetes desconocida, que puede representar
cerca de la mitad del total de los diabéticos tipo 2, se
diagnostique lo antes posible.
En el momento en que aparezca la
microalbuminuria, debemos intensificar el régimen
terapéutico de la diabetes, ya que está demostrado
que la mejoría de las glucemias va a frenar e incluso, en
fases precoces, revertir la complicación. Además del
control metabólico también debemos
ajustar la dieta, disminuyendo el aporte de proteínas
para que no suponga una sobrecarga para el riñón,
y procurar que el control de la tensión arterial
sea lo más estricto posible. Como ya hemos comentado anteriormente,
en la diabetes tipo 2 el control de la HTA es aún más
importante que el de la glucosa para prevenir las complicaciones.
Debemos destacar que existen dos familias de medicamentos
antihipertensivos que se consideran de primera línea en la
diabetes, especialmente si va acompañada de afectación
renal: los inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina
(IECA) y los antagonistas de los receptores AT1 de la angiotensina
II (ARA II). Los beneficios de estos dos grupos son dobles: por
un lado a través del control de la HTA y por otro la disminución
directa de la microalbuminuria, además del efecto que se
consigue por la disminución de la tensión arterial.
Por esta razón, se recomienda su empleo en pacientes con
microalbuminuria aunque tengan la tensión normal.
Si no se instaura ningún tratamiento, el 80 % de los diabéticos
tipo 1 evolucionan a fases más avanzadas de nefropatía
y la mitad de éstos a enfermedad renal terminal, que debe
tratarse con diálisis o trasplante de riñón.
Para los tipo 2, las proporciones respectivas serían del
20-40 % a nefropatía franca y el 20 % de éstos a enfermedad
renal terminal.
La nefropatía hace que suba
la tensión arterial y este incremento, a su vez, favorece
el deterioro de la función renal. La nefropatía también
influye a la hora de seleccionar un tratamiento antidiabético:
muchos pacientes con diabetes tipo 2 que teóricamente podrían
tratarse con hipoglucemiantes orales deben pincharse insulina, ya
que la nefropatía se considera una contraindicación
para estos fármacos, aunque hay algunos que son mejor tolerados
que otros.
Además de la carga que representa
para la persona que padece complicaciones de la diabetes, también
la sociedad se resiente. Desde un punto de vista estrictamente económico,
la diabetes multiplica los gastos sanitarios, tanto
más cuanto mayor sean sus complicaciones. Por ejemplo, un
paciente que entra en diálisis cuesta 42000 euros. En el
momento actual, en España hay 25000 pacientes en diálisis,
la mitad de los cuales presentan nefropatía diabética.
El 30 % de estos enfermos acabará requiriendo un trasplante
renal.
En definitiva, la nefropatía
diabética supone una complicación muy importante para
la persona que la padece y para la sociedad. Es de vital
importancia detectarla precozmente, lo que es posible mediante la
determinación rutinaria (y barata) de la microalbuminuria. |